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ENTRETENIMIENTOS

POÉTICOS

DEL

P. F. MANUEL NAVARRETE,

Virginlbus, puerisque canto, IIOR. LIB. 3°. ODA l\

TOMO PRIMERO.

MÉXICO, •••••

Imprenta de Valdés, # 1823,

Fr, man ü e l .n yss \ r^RE¥£j,:

i 'i I', .I!;!.'

■: ^-.v .jttdc f^a.

III.

AL PÚBLICO.

,/jL í/, ilustrado público^ á ti dedico esta primera edi" don de los entretenimien- tos POÉTICOS del Cisne Ame- ricano FR. MANUEL NAFAR- RETE.

Me hubiera sido fácil elegir para Mecenas algún

IV.

sugeto distinguido; pero ¿por qué habia de brindar á otro finezas que solo me debes^l Para únicamente he tra- bajado: Tu instrucción y tu deleite fueron el objeto que me propuse en esta empj^esa: eres quien me ha de a- gradecer este servicio: quien ha de leer esta obri- ta: Y tú, en fn, quien ha de dispensarle la protección que para ella solicito^ que

V.

es, el conocer su valor, y celebrarla con juicio y o- portunidad.

Altamente convencido de estos principios, ni un momento he dudado el con-* sagrarte este trabajo', y ten- go la gloria de poder asegu- rar, que te presento na- da menos que un monu- mento preciosísimo, que a- testiguará en todo tiempo, que la patria dichosa que

VI.

contó entre sus hijos á tan

insigne poeta, no tiene que envidiar en el arte de A- polo, ni al siglo de oro de la sabia Roma-, ni á los antiguos primores de la docta Grecia-, ni á las mo^ demás producciones de la culta Europa. ¡Digno elogio, que dictó la verdad, pro- ' nuncia la justicia, j jamás osará desmentir la emulco- cionl

VIL

Y^como me podré figu- rar que no merecerá tu a- grado la publicación de esta ohrita^ cuando ella va á enriquecer tanto al teso- 7^0 de la bella literatura? ¿Qué espectáculo podrá ha- ber mas interesante á tus ojos, que el presenciar co- 7no se va difundiendo en este septentrión el benigno resplandor de las laces, al paso que se eleva por su

VIII.

horizonte el sol hermoso de la libertad!

Acepta^ pues^ o pú- blico, este sencillo obsequio que gustoso te ofrece

El ciudadano Alejandro Valdés.

IX.

DEL EDITOR.

ji engo la satisfacción de dar á lúe

LOS ENTRETENIMIENTOS POÉTICOS DEL R. P.

Fr. MANUEL NAVARRETE. Me parece del todo inútil el em- peñarme en demostrar el mérito de esta obra, pues saliendo ella al publico no pre- tendo usurpar al lector el derecho que tiene para juzgar por mismo de las

X.

producciones agenas; del que ciertamen- te usaría aun cuando yo tratara de pre- venirlo con elogios que al fin no había de creer sobre mi palabra. Bien segu- ro estoy de que hallará en estas be- llas producciones de un ingenio tan jus- tamente celebrado, aquella dulzura sua- ve y armoniosa, de que tanto se pa- ga nuestro oido; aquellas imágenes vivas y naturales, que parecen poner á los objetos delante de los ojos; y so- bre todo, aquella sensibilidad inesplica- ble, que penetrando hasta el corazón lo deja por algún tiempo profundamen- te conmovido.

También tengo por escusado el re- comendar la utilidad de esta edición: bastará decir, que es la primera, y que se hace después de catorce años de ha-

XL

ber muerto el autor. Todas aquellas poe- sías de este, que se hallan en muchos tomos de nuestros Diarios^ donde se in- sertaron con intervalo de años entre las primeras y las ultimas, se presentan aquí bajo un solo punto de vista^ y co- locadas en el orden que me pareció mas oportuno. Igualmente salen muchas pie- zas que jamás se hablan dado á la pren- sa; pues he logrado tener á las manos bastantes manuscritoSj y principalmente una colección copiosa, escrita del mis- mo puño de nuestro insigne poeta.

Hay en la obra algunas notas de este, y otras que yo he agregado: las primeras van designadas con una A. las segundas con una E.

Deseoso de publicar, si me fuese posible, cuantos versos produjo el mí-

XIL

raen fecundísimo de este célebre ameri- cano, he trabajado con el mayor co- nato á fin de conseguirlo. ¡Ojalá y a- quellos que se hayan ocultado á mi di- ligencia, ocupen su lugar algún dia en una segunda edición!

ELOGIO

DE FR. MANUEL NAVARRETE.

POR

D. MARIANO BARAZABAL.

ó SEA SUE^O MITOLÓGICO

DEL ARCADE ANFRISO. Romance Endecasílabo.

Hijas de Jove, la eminente cumbre Dejad del Pindó, y á la patria mia Bajad, cual suele del hermano vuestro La luz hermosa que al viviente anima.

Sí, divas musas, descended ufanas Al suelo fausto do la vena rica Nació del oro, por desgracia suya. Pues la hizo blanco de la vil codicia

Que no de tal riqueza, ni de cuantas Tiene por dote la morena ninfa

XIV.

Del vasto septentrión, que no vid Alcides, Jacta soberbia ni presume altiva. América blasona, sacras deas,

Y forma en ello toda su delicia,

O de que vos lacteis sus hijos caros, O de ser de los vuestros la nodriza.

A vos toca elegir: no es fácil caso. ¡Oh! luego que sepáis la causa digna Por qué os emplaza mi atrevido labio, Disputareis á América la dicha.

Toda esta esclamacion me figuraba El ensueño mas dulce de mi vida. Que si fugado por la ebúrnea puerta; (i) Pero no Fobetor (2) lo presidia.

Y es que una noche la pasé en mi lecho Entregado á tan plácida vigilia, Cual la de leer del Cisne Americano La hechicera dulcísima poesia.

Morfeo envidioso se acerco invisible Poco antes que la estrella matutina Anuncie la alva: y esparcid el beleño,

Y de la flor de Adonis la semilla. (3}

XV.

Mas no bastando diligencia tanta Las alas bate: mata la bujía: Cierra mis ojos: y el melifluo poema De mi ya floja mano se desliza.

Empero, no triunfaste, dios del sueño: Si el cuerpo duerme, vela el alma mia;

Y en las alas del éstasi mas dulce Mírale hablando con las musas mismas.

La ilusión sigue; yo me veo en la falda Del Pindó sacro: Las supernas hijas Del alto Jove con acento blando Oigo que dicen: ^^Sube hasta la cima.

No temas; sube, Anfriso, que al Parnaso Subir merece quien virtuoso aplica El favor de las musas á su patria;

Y esto ha honrado la serie de tu vida. '* Yo menos suficiente que alentado,

La senda estrecha que á la cumbre guia Piso con luengos desiguales pasos, Ya bien hollando flores d ya espinas.

Jamás me viera de la escelsa cumbre, A no ser por milagro de las divas,

XVL

En do su celestial castalio coro Tienen las nueve hermanas peregrinas.

Llego: Las miro: Y prosternado apenas Me deja absorto la visión divina Cuya pintura el estupor me veda^ Cual imposible á mi profana lira.

Decid vos lo que vi, Piérides almas, O til, deifico sacro, tu lo digas: Tií que presides á la par que al cielo Del sacro monte la mansión elísea.

Mientra, solo diré, que interrogado Por ¿cual es el asunto que motiva Mi osada invocación? respondo firme: 5^ El almo NAVARRETE: Sus poesías.

¿De cual de vos es hijo predilecto, Desea saber mi patria, santas divas? Hoy que las prensas sudan con sus obras,

Y honrarse quiere la tipografía. "

Erato dice luego: !»r»mio es el lauro, Que NAVARRETE solo amor respira;

Y en líricas bellezas basten solo Las amorosas flores de Clorila. " (4)

XVII.

Sorprendida caliope dice: !>r> ¿como? MANUEL cantó de amor; pero ¿te olvidas De que á mi influjo le premió en su alcázar Minerva docta las heroicas rimas? '^ (5)

Entonces dice clio: ^n perdona, hermana, Que si en la historia la epopeya finca, Yo, yo la madre soy del almo vate, Por ese y otros poemas que no indicas.'^

n^Son sus versos retóricos, morales, Y madre suya soy: '' dijo polimnia. t') Mas bien lo fuera yo si aparecieran Sus bellos dramas: '' (6) replicó talía*

EUTERPE con TERSÍCORE dispUta

De mil composiciones esquisitas Lo discreto, lo fluido, lo gracioso, En el idilio y sátira festiva.

Aquí la gemebunda melpomene Un suspiro lanzando dice: ^r> amigas. Repasad de MANUEL los Ratos tristes:' {^) Las flébiles dolientes Elegías: (8)

Y no os deshacéis en dulce llanto Confesándome luego enternecidas II

XVIIL

Que yo la madre soy^ el Pindó dejo, Y á morar voy en la hgum Estigia. *'

5^ Yo me subiré al cielo, grita urania, Do el alma de PtíANÜEL estrellas pisa, Si en el Pindó me niegan ser su madre, Por sus Místicos poemas^ de justicia.

¿Quien canto la Divina Previdencia: (9) El vate que entonó la pura, limpia^ Inmaculada concepción gloriosa

(Mitológicos venia ) de MARÍA, (ic)

Podrá dejar de ser hijo mimado De m.usa celestial? ¡Quien lo imagina! Y puesto que yo soy musa del cielo, Silencio, hermanas, que la gloria es miá. ^

La discusión se enciende entre las m.usas: ¡Qué de imágenes hallan peregrinas En loor de NAVARRETE! ¡Qué de encomios! jQué digna emulación! ¡Qué noble envidia!

Sí, mi querida, ¡mi adorada patria! Yo empeñadas miré á las Nemosinas Contender por ser madres del que hiciera La lengua de los dioses mas pulida.

XIX

Pero, ¿qué es lo que miro! Cuando estaban En mas calor, de Jiípiter las bijas, Con nueva refulgente luz hermosa La inaccesible cumbre se ilumina.

Una nube mas alba que la nieve Que descansaba en la frondosa cima, Descórrese cual velo en dos mitades,

Y al rubicundo apolo patentiza. Sentado estaba en una silla de oro,

Tachonada de estrellas diamantinas:

El sEMi-Dios MANUEL al diestro lado

Y ai opuesto la AMERICA se vían.

!>r> Hermanas, dijo el dios, Piérides, basta. Mi Hijo es este. Su madre esta Gran india, Deidad del septentrión. El Amor su ayo. Vosotras, claras musas, sus nodrizas

aquel nuevo mundo se levanta Otro nuevo Parnaso, y la justicia Manda; que un nuevo apolo en NAVARRETE Ocupe mi lugar, y le presida.

Decidle á ese atrevido anahuacense, Ese que, cual mi rio, se denomina

XX.

Anfriso^ (i i) que en el Pindó no hay tiranos.... Y aplaudo su patriótica osadía.

Que á su patria se vuelva, proclamando A este su compatriota y mi delicia; No al Cisne Americano'^ al nuevo Apolo^ Y " ya despierto, y la ilusión termina.

(^l) Finge la fábula, que los sueños de cosas (jue resultan verdadercS salen por una puerta ds cuerno, y ios que solo son ilusiones de la fantasía, por »na de ir.arfiu

(a) Dios que presidia los sueños funestos y espantosos.

(3) Muerto Adonis por un jabalí, fué convertido

en amapola, cuya semilla es la adormidera.

(^) Pág. 7. tom. I.

(5) P^S« 95' ^o^^' ^*

(<5) El autor át este elogio tiene noticia de que el sabio Navarrete hizo piezas dramáticas*

(7) Pag. I ii. hasta la ^;^n tom. 2.

(8) Pág. 78. á la 91. tom. 2.

(9) Pag. 201. á la 220. tom. id.

(10) Pág. 2 2Í, á la 249. tom. id.

(n) Anfriso, rio de Tesalia en cuyas orillas vivió Apolo, cuando desterrado del ciclo guardaba como pastor los ganados ds Admeto.

XXI.

MEMORIA SUCINTA

de los principales sucesos

de la vida de

Fr. Manuel Navarrete^

con algunas reflexiones

sobre sus poesías.

ESCRITA

POR UN ÍNTIMO AMIGO SUYO.

E,

L R. P. Fr. jóse MANUEL

MARTÍNEZ DE NAVARRETE,

á quien generalmente solo se llama Fr. Manuel Navarrete^ nació ' en la Villa de ZAM0RA5 perteneciente al Obispado de Mi- choacan. el día 18 de Junio del año de 1768. Fueron sus padres í). Juan Ma-^ ría Martínez de Nuvarrete^ y Doña Ma-^ ría Teresa Ovhoa y Abadiano^ ambos naturales de la misma Villa, y perso- nas de distinguida nobleza. No fué da- do á nuestro poeta el gozar de las ter-

XXIL

nuras de un padre amante y bondado- so, pues la muerte se lo robó á los cuarenta dias de haber nacido. Pasó su infancia en el lugar de su nacimiento, y en él se le enseño á leer y escribir^ y se le dedico al estudio de la latini- dad, bajo la dirección de su preceptor D, Manuel Cuevas. Los progresos que hizo, en el conocimiento del idioma, y las ventajas con que escedid á sus con- discípulos, fueron, digámoslo así, los pri- meros vislumbres con que se anuncio es- te futuro manantial de luz.

Por cierta decadencia de fortuna que sobrevino á la familia, paso, sien- do todavía pequeñito, á la ciudad de Mé- xico, en compañia de su primo el Lie. D. José Manuel Abadiano; con el fin de destinarse allí en el comercio: y en efecto fué admitido en una tienda situa- da por el portal de la Diputación. No pue- de caber duda de los conocimientos que adquirid en aquel ejercicio, ni de la hon- radez con que se manejo en él, pues en el aflo de 1787 lo comisiono su patrón para que fuese á espender una memoria á un paraje, que parece haber

XXIII.

sido el real de minas de Temascalte- pec. Sentía nuestro jovencito que lo lla- maba Dios para el estado religioso; por lo cual, después de rendir las cuentas del encargo que se le había confiado, pidió licencia á su patrón para sepa- rarse de aquel giro, y se traslado á Valladolídj estando allí su liermano D. Blas, quien le proporciono el viaje pa- ra Qucrétaro, donde tomó el habito del SERÁFICO SAN FRANCISCO cn cl convcn- to de la provincia de Michoacan, de los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pa- blo.

Concluido el tiempo del noviciado, hizo su profesión religiosa, y lo man- daron sus prelados al convento de re- colección del Pueblito, con el ol)jeto de que en él recordase y perfeccionase la latinidad, que habia aprendido en su ni- ñez, como ya queda dicho. Concluido este estudio se restituyo al convento de Qiierétaro, á la especíativa de la filo- sofía, que por estatuto de la religión de- bía estudiar tres años: y en esta va- cante fué cuando Jiizo los primeros en- sayos de sus versos. Se dirigid, cn fin,

XXIV.

para cursarla al convento de Celara. Es- taba aun adoptada allí, por aquellos tiem- pos, la doctrina peripatética, y" vista con ceño la moderna; pero nuestro joven co- rista mostró tanto desafecto á la prime- ra, y se aficiono tanto á la segunda, que desertado de la aula se asoció con un compañero suyo llamado Fr. Victo- riano Borja, y entre ambos estudiaron la filosofía de Altieri. Acabado este trie- nio regresó al convento de Queretaro, donde estudió la sagrada Teología.

Estando ya en disposición para po- derse dedicar á los ministerios á que lo destinara su provincia, obtuvo la cátedra de latinidad en el convento grande, y habiendo desempeñado este cr;rgo, se tras- ladó al convento de Valladolid, y resi- dió en aquella ciudad por un tiempo con- siderable. Como ya habia recibido la sa- grada orden del sacerdocio, quisieron em- plearlo sus superiores con utilidad de los fieles; por lo cual lo hicieron ir de pre- dicador á Rioverde, y lo mismo á Si- lao, donde filé también comisario de la orden tercera; y en el ejercicio de estos pulpitos permaneció algunos años. Ya en

XXV.

los líltiínos de su vida fué nombrado cu- ra párroco de la Villa de S. Antonio de Tula, k cual está situada en la in- tendencia de S. Luis Potosí, y es una de las misiones pertenecientes á Riover- de, cuyo curato se sirve por uno de los mismos padres misioneros de la or- den de S. Francisco. Aquí fué donde con- currió con el Illmó. Sor. Obispo de Mon- terey Dr. D* Primo Feliciano Marin, y aquí donde se capto el singular aprecio con que lo distinguid este sabio prela- do. Finalmente, paso al real de mi- nas de Tlalpujahua, ccn el motivo de ha- ber sido promovido para la guardiania de aquel convento.

En toda esta serie de tiempos y de ocupaciones, cultivó NAV ARRETE la poesia, á la que siempre tuvo una par- ticular inclinación. Desde que seguía su carrera literaria en la ciudad de Celaya, procuraba robar á sus quehaceres cuan- tos ratos podia, para consagrarlos á las musas*, y así es que entonces sali(5 a luz manuscrita su 'primera composición en verso heroico y patético, hecha con mo- tivo de la muerte de su madre, á la

XXVL

cual titulo Noche triste. Esta obra fue como una piedra que descubrid el pre- cioso mineral de doude habia salido. En ella se advierten aquellas esclamaciones enérgicas, que solo pueden nacer del al- ma cuando esta' penetrada de un acerbo dolor: aquellos sentimientos puros, de que tanto se bonra la especie humana: y por ultimo, aquellos rasgos de la naturaleza que jamás la afectación ha sabido, ni sabrá remedar. Todavia una palabra mas acerca de esta escelen te elegía: Ella es- tá puesta en un estilo verdaderamente su- bb"me: en aquel estilo que desdeña los adoraos postizos, que no hacen mas que poner trabas á la sencillez.

Entregado el autor en los años subse- cuentes al estudio de la poesia, su pri- mera escuela y dechado fué el Parnaso Español, donde se hizo de lo que se lla- ma gusto; el que perfeccionándose en otras obras, especialmente en la de Melendez Valdes, depuro su ingenio hasta elevarlo al punto de finura y delicadeza que mues- tran sus composiciones. A proporción que las iba trabajaijdo estuvo á la mira de reservarlas, y mantuvo esta precaución

XXVII.

por el tiempo de once años; en cuyo periodo las revio, corrijid, y aumento. Componían estas un volumen en cuar- to cuando se crio el Diario de México en el año de 1805. Por este conducto se publicaron muchos de sus versos, y el aplauso con que se recibieron fué como h campana que llamo la atención ge- neral. Preguntábase al Diarista por el nombre de este autor, pues al fin de ellos solo se leían las tres iniciales F, M. N. y se formaba empeño en saber ¿á qué lugar de nuestro continente ha- bia tocado la dicha de servirle de pa- tria? Muchos y muy apreciables poetas, que constituidos en una especie de Ar- cadia ilustraban al Diario con sus com- posiciones, le tributaron en ellas los mas grandes elogios. Hicieron mas: Lo eli- gieron por su MAYORAL, y aun pensaron en hacer un viage hasta el lugar don- de residia, solo por tener el gusto de conocerlo. La sabia Universidad de Mé- xico, esa madre fecunda de tantos hom- bres grandes, dio también su voto, y de un modo bastantemente decisivo, en fa- \ox del escelso numen de nuestro NA-

XXVIII. VARRETE; pues en un Certamen lite- rario que celebrd en el año de 1809 asignó el primer premio destinado para la poesia^ á un canto de este que ha- bia sido presentado para entrar en el crisol de la crítica, en competencia de otros muchos. Y ¿á quien no causará ad- miración el saber, que sus mejores com- posiciones salieron de sus manos ^^ cuando (para usar de las espresiones de un sa- bio amigo suyo) (^) yacía soterra- do en las montañas de la Villa de Tula, desde donde, como Ovidio desde el Ponto, remitia sus obras tan . bellas y limadas, como si salieran de la mejor Academia de la Europa; no de otro mo- do que Bergier admiro' al mundo sa'bio, y confundid al Deísmo con su precio- sa obra, trabajada en las sen'anias y ma- lezas de los Pirineos!"

Si notare alguno que entre los ver- sos de nuestro autor abundan tanto los del género erótico, queriendo deducir de aquí consecuencias acerca del estado en

(♦) El Uc D Carlos María Bustamante en la Ñecro'ogía dci P. Nav birrete y cju^ insertó en el alario de"^ 9. de agosto de x8o5?«

XXIX.

.que se hallaba el corazón del poeta, re- flexione, que muchos partos del ingenio deben su ser únicamente á la fantasia; sin que haya razón que baste á persuadir, que sea fuerza tenerlos por hijos de al- gún afecto de la voluntad. Puede tam- bién tener presente, que al enviar NA- VARRETE sus poesias á Fabio^ nom- bre que da á su hermano jD. Blas^ le dice:

9íLas mas veces instado

ü^de la amistad y el ruego,

^f) canté ao[radables metros.

M'

Así consta, y consta igualmente que las dos traducciones de unos versos de Galo, y la de otros de Angelo Policiano, las hizo de orden del Rmó. P. Fr. Jo- sé María Carranza, varón muy docto de la provincia franciscana de Michoacan, quien pretendió conocer de este modo los tamaños de nuestro poeta; y habien- do quedado muy complacido quiso aca- bar de formarlo poniéndole en las má- manos el arte, del que se aprovecho Fr.

XXX. MANUEL maravillosamente; ya en la cor- rección de sus Ratos tristes^ ya en la formación de Oiras obras posteriores.

Es muy difícil entre sus poesías se- ñalar las piezas que sobresalen mas por su méritOj pues no hay duda que los genios originales son fecundos en cual- quiera clase de composiciones; pero es fá- cil hacer ver, que acertó á dejarnos en todas ellas lo mas precioso y selecto que se puede encontrar en el ramo á que corresponden. Por eso en el estilo ale- gre y jocoso ya nos presenta, como en las Flores de Clorila^ á la naturaleza en- galanada, risueña, y festiva, rebozando solo placeres: Ya toma sus colores de los objetos mas triviales, y nos pinta con la mayor viveza la alma candida y pura de la inocente Anarda: Ya se pone á acompañar con sus blandos acentos los tonos concertados de la nmsica Ce- lia: Ya entretiene en celebrar á la Pollita predilecta de la hechicera Clori. Si fijamos la consideración en sus com- posiciones serias y magestuosas, como son las sagradas y morales, veremos ¡coa cuanta magestad elige ios conceptos! ¡con

XXXL

cuanto decoro los trata! ¡con cuanto res- peto los espone! El nos lleva de la ma- no, y nos ensena: ¡como pregonan todas las criaturas, que vela sobre ellas una PROVIDENCIA bienhechora! El nos llena del mayor entusiasmo cuando toma á su cargo el alabar el triunfo que consiguió la gracia en la concepción inmacula- da de MARIA. El nos hace erizar de horror representándonos la situación la- mentable de una alma desdichada^ que ha sido privada para siempre de la gloria. Y ¿jamás alguna lira ha sido pulsada con tanta suavidad como la suya, al compás melancólico de la triste elegía? Digán- lo sus Ratosv aquellos Ratos que parece que los formo la misma Melpomene, al lado de un espectro, o en la pavorosi- dad de ios sepulcros, rodeada de los des- pojos de la muerte.

Muchos censores juiciosos é instrui- dos, han sido de parecer que la poe- sia lúgubre era el carácter mas natural de NAVARRETE; pero á pesar de la generalidad con que así se piensa, y del respeto con que debo mirar las opinio- nes de los inteligentes, me atreveré a de-

XXXII.

cir, que su verdadero carácter era, en mi concepto, la sencillez en la poesía pas- toril. Me fundo en que no hay una so- la pieza de esta clase en que no se vea bajo de esa misma sencillez una sublimidad á la que ciertamente no lle- garon los mas' afamados autores en sus obras compuestas en aquel estilo. Des- pués de haber arriesgado este juicio, que quiero sujetar á la desision de los sa- bios, añadiré: Que todas las poesías de nuestro insigne Zamorano, llevan consigo como una carta de recomendación para que las apreciemos mas los Ame- ricanos; por haber sido producidas en nuestra patria, y por un paisano nuestro que careciendo de aquellas ideas de com- paración que se adquieren con la resi- dencia en diversos países del mundo, y destituido alguna vez aun de los libros precisos, pensó por sí, y escribid por sí, recurriendo á sus propias reflexiones, y á una imaginación admirablemente fecunda. Tal fué NAVÁRRETE considerado como poeta. Si no temiera yo cansar al lector con la dilación, me complacerla en formar aquí un cuadro que lo re-

XXXIII.

presentara copiado con todas aquellas pren* das que hacían tan delicioso su trato personal; pero sacrificando este gusto en pl:)sequio de la brevedad, lo mostraré en una pequeña miniatura, ó por mejor de- cir, en un ligerísimo bosquejo.

Concedió el cielo á este hombre aquellas preciosas cualidades que cons- tituyen á un sujeto verdaderamente amable en una sociedad Tocóle una al- ma verdaderamente noble, por lo que siempre aborreció todo género de baje- zas. Su carácter fué sumamente ingéiiuo, y la doblez y el artificio, fi^íeron vicio^ para él absolutamente desconocidos. Sus modales ftieron afables; sus pensamienjos sanos; y su conversación en estremo a- gradable. Su pobreza no le impidió ser franco, y muchas personas le vieron eje- cutar acciones bastante generosas. El cuida- do con que reservó sus poesias por tan- tos aííos; siendo así que por lo común se nota en los poetas un flujo irresisti- ble de espetar a todos sus produccio- nes, bien ó mal digeridas, es un argu- mento convincente de su moderación, y d$ la desconfianza que tuvo de mis- ui

XXXIV.

mo. El juicio que formo de ellas al re- mitirlas á su hermano, prueba claramente su humildad. El elogio que hizo á Car- los IV. por haber manifestado, que le desagradaba el tonnento. es un testimo- nio de que fué opuesto á la violencia. Mas entre tantas virtudes como lo ador- naron, campeaba y se llevaba la aten- ción su filaiitropia. No le faltaron aca- so en el discurso de su vida graves persecuciones; pero él amo sinceramente á los autores de estas: Me parece que de ellos se estaba acordando, cuando en su 4? Rato triste^ después de asegurar que solo por sus penas vivía en las so- ledades. Y que no era enemigo de sus se- mejantes, añadid con tanta mansedumbre:

Vi Y aunque entre muchos de ellos me imagino 5^ Como entre hambrientos lobos mansa oveja, f) De nadie formo queja Porque así lo dispone mi destino. ^

Si tal fué su porte respecto de e- sos hombres, ¿cuales serian las efusiones de su corazón, reservadas para aquellos sujetos con quienes vivid unido por los

XXXV.

dulces lazos de una estrecha amistad? Dilo tu por todos, ]oh sin igual tiernísimo FiLENol (**) tu que fuiste depositario fiel de los arcanos de su pecho, y á quien profesó mas que á nadie un ca- rino de que te hacias tan acredor: Di

pero nada digas, porque es bien claro que le hubiera sido imposible el com- poner muchas de sus obras, á no haber estado dotado de una esquisita sensibili- dad. Por lo que toca á sus linea mantos esteriores fue alto de estatura; blanco; de ojos azules; de pelo castaño y rizo; de buena presencia; de semblante halague- ño; y de talle naturalmente airoso.

Nadie se imagine que he formada aquí una descripción estudiada no de lo que él fué; sino de lo que debia haber sido; como la que hizo Plinio de Trajano, y Marco Tulio de su Orador. Soy sincero.

(*♦) Asi llama en su 8. Rato triste i FU leño, nombre que dio á su muy amado amigo P, F. Vicente Victoria^ franciscano de su misma provincia, y actualmente Custodio de Rioverde,

XXXVI.

íio pretendo engañaí al piínlfct), f Se- guro: Qtie lo que he dicho ñi 'sí^uí^- td hay exageración.

Este insigne poeta tan favorecid(j de las musas, este hombre tan amable en el trato de la sociedad, termino carrera de su vida hallándose de Guar- dian en el real de minas de Tlalpuja- hua. Poco tiempo llevaba de residir allí cuando se sintió atacado de una retención de orina, que lejos de ceder á los remedios que se le aplicaron, se obsti- nó en tales términos, que fué preciso administrarle los santos sacramentos. Ha- llándose en esta situación, hizo salir de su recámara a una Señora anciana que lo cuidaba, llamada Doña Josefa Silva^ con pretesto de enviarla por un medicam.en- to; y aprovechándose de aquel interva- lo, puso fuego á sus manuscritos. ¡De cuantas preciosidades nos privaria este incendio! En él se sabe que perecieron treinta Sonetos dirigidos á Anarda. Agra- vóse la enfermedad de todo punto, y con tal rapidez, que en el cuarto dia es])iró NAVARRETE á las once y me-

XXXVII.

dia de la mañana. Acaeció su muerte el dia 19 de julio del año de 1809, á los cuarenta y un años de su edad. Fué sepultado su cadaVer al siguiente dia en la iglesia del mismo convento. Confieso que me faltan espresiones coa que signi- ficar lo amargo de mi pena ¡Lector!

si eres sensible, añade aquí una lágri- ma á las muchas que entonces derrama- ron sus parientes y amigos.

Los elogios de tan recomendable varón deberian escribirse por un Salus- tio, o un Plutarco, que ensalzaran del modo debido el relevante mérito de un AMERICANO cuya fama pasará, para honor de su patria, á las mas remotas generaciones.

ENTRETENIMIENTOS POÉTICOS.

Qui legis^ tuam reprehendo si mea laudas om* nia^ estultitiami si nihil^ invidiam.

OWEN.

Tu estulticia reprehendo, lector^ si en todo me alabas; y tu envidia, si me niegas en parte las alabanzas.

En la remisión de estas poesías

Á FABIO.

Como en triste sepulcro en un estante viejo, condenados á olvido yacian mis pobres versos:

Pero á la voz que manda en todo lo que tengo, fueron saliendo todos ios miserables muertos. 1

2.T

Dame pena el mirarlos carcomidos del tiempo^ animándome á darles algún semblante bueno- Ya les quito, les pongo; y al jBn de todo advierto^ que en vano se compone lo que de suyo es feo. No obstante. Fahio, al modo de anatómico diestro, que un esqueleto forma de carcomidos huesos: De la misma manera por solo tus preceptos, hice este como Libro, de mis mohosos versos. Hacerte yo quema un ramillete ameno, del monte de las musas^ con floridos conceptos: Pero, ¡vanas fatigas de inútiles deseos,

3-

si Apolo no me inflama con su divino fuego!

En juveniles años, y alegres pasatiempos, el amor fué mi mimen: ¿cuales serán mis versos?

Pero debo advertirte,

que de su blando plectro no siempre me he valido en algún propio empeño.

Las mas veces instado . de la amistad y el ruego, en ágenos amores canté agradables metros.

De aquí nace la especie de nombres tan diversos, Filis^ Doris^ Clorila^ y otros mil sobrepuestos.

En todoSj ya supongO;,

por todos SUS aspectos ''"* la falta del adorno, -^'''\^^ y también del ingenioJ ^^

4.

Pejro tií, bien lo sabes; el alcázar supremo de las ciencias no he visto sino muy á lo lejos.

Por eso rae disfrazo en simple zagalejo, y en humildes cabanas las mas veces me sueño.

Por eso a mis muchachas por los campos las llevo, ya tejiendo guirnaldas, ya guardando corderos.

Por eso pero basta

de por esto y aquello: cada cual reproduce el carácter del genio.

Por ultimo, te encargo, que no pongas mis versos donde malignos momos tal vez puedan morderlos.

Después mas que descuides de ratones perversos^^

5-

de crueles polillas,

y otros animalejos. Aquellos son peores,

porque aunque estos, es cierto,

que devoran las hojas;

pero el honor aquellos. Y en este caso, estaban

mejor mis pobres versos,

como en triste sepulcro,

en un estante viejo.

6. PRÓLOGO

INGElfnO.

Dirá quien mis versos lea tal vez sin ningún primor; Vayase el rudo pastor

á cantar allá á su aldea. Mas para cuando así sea^

desde ahora mi musa acuerda

decirle, pues que discuerda

con su oido mi estilo llano:

Vaya el necio ciudadano

con su crítica á la

sol lá. Esto es á co*

mer con música^ que son dos

gustos á un tiempo.

7- LAS FLORES DE CLORILJ

DEDICADAS Á FILENO.

PRÓLOGO,

¿Quaeris unde mihi toties scrihantur amores?

¿Unde meus veniat mollis in ore Uber? Non hoc Caliope^ non hoc mihi cantal Apollo^

Ingenium nobis ipsa puella facit.

PROPER. lib. 2? eleg. i?

Traducción libre.

¿Preguntarás acaso ^

lector, si en mis acentos tienen parte los dioses que cuidan de los versos?

Respondo, que ninguna; sino que el rostro bello de una hermosa muchacha ha templado mi ingenio.

8.

Clorila, sí, Clorila la pastora que quiero inflama mis versillos con su amoroso fuego.

¿Para que son de Apolo ins^pirantes reflejos, si me influye mas suave la luz de sus ojuelos?

¿Pues que si de sus labios, de sus labios risueños

la sonrisa imagino?.

Heliconas no quiero. Lejos de el Parnaso, que ya para hacer versos, sí, lector mió, a Clorila, á Clorila me atengo.

ODA I?

Los versillos sabrosos que cantaba a Clorila, 7>agala del ameno valle de las olivas:

9- Alegres producciones

fueron de aquellos días,

que entre gustos se pasan

cual sombras fugitivas.

Hoy á su rudo labio mi musa campesina los vuelvcj, acompañados de su avena festiva.

Escucha pues. Fileno,, en dulces cancioncillas, amores inocentes d3 Silvio y su Clorila.

Como en un ramillete advierte en esta obrilla, las mas preciosas flores que los tiempos marchitan.

¡Ay edad halagüeña! huyeron tus delicias, sin dejarme otros frutos que punzantes espinas.

Espinas^ ¡ay. Fileno! que en la restante vida^

2

I o.

el corazón me pasan,

y el contento me quitan.

¡Ay agradables ratos, cuando á la verde orilla de una fuente risueña estaba con Clorila!

¡Cuando á la fresca sombra de robustas encinas, cantábamos iguales mil amorosas dichas!

¡Ay, hermosa muchacha: la memoria afligida esprime por los ojos estas tristes reliquias!

Como quiera que sean estas flores, ó espinas, á tus aras, Fileno, mi afecto las dedica.

Allí estarán honrando nuestra amistad antigua, que durará, no hay duda, mas allá de la vida.

II.

ODA 2?

Como yo ciu^ndo canto

del pueblo me retiro

al silencioso bosque de cedros y de pinos:

O á la orilla agradable de los sonoros rios: d al valle donde pacen mis mansos corderillos:

Seguro me contemplo de censores malignos, que por las propias obras juzgan ágenos dichos.

Heme de holgar ahora con algunos versitos, que á Clorila cantaba allá cuando era niño. Sus flores, d sus gracias, que todas son lo mismo, cantar quiero. Tu flauta me presta, ó Cupidillo.

12.

Síj Cupidillo tierno,

miiv mole^ muy blandito me inspira, que no me oyen los censores malignos.

Así te ofrezcan dones . Chipre, Amatunta, Gnido, todo el mundo: ¿pues donde no te hacen sacrificios?

Ni el joven floreciente, ni el anciano marchito, se desdeñan de darte culto no merecido.

A los ardientes sopíos

de tu madre, yo he visto que en tus aras se queman... rubor rae da el decirlo.

Basta, amor: lo que importa es, que con blando estilo me inspires, que no me oyen los censores malignos.

Despierta en mi memoria los sabrosos versillos,

13- que á Clorila cantaba

allá cuando era niño.

Mas de modo, que siendo

de mi Clorila dignos,

lo sean también de todos

los honestos oídos.

ODA 3?

Por la margen de un rio que mansamente corre^ la zagala Clorila cogiendo estaba flores.

Una le pido, y ella tan inocente entonces, á escoger de las que echa en sus faldas me pone.

Su confianza respeto; mas entre tanto didme palabra de ser mia en lícitos amores,

Paso el verano: vino el otoño; y conformes

fueron siempre los frutos á sus honestas flores* Aprended, zagalejas, y vosotros pastores, á disfrutar placeres, que no son los de Dione.

ODA 4?

ün grupo delicioso, por natural milagro, de entretegidas flores formo el ameno prado.

Entróse allí Cupido á descansar un rato, de aquellas travesuras agenas de un muchacho.

De los pequeños hombros baja el carcax dorado, y en el florido lecho se entrega al sueño blando.

Como otras ocasiones salid Clorila al campo.

í5-

á engalanar su frente

con lo mejor del mayo.

Echa mano del grupo, dcoide dormido acaso estaba el hijo hermoso de Venus muy amado.

¡Quien creyera! ya fuese por voluntad del hado, ó por otra cualquiera hechura del acaso:

Entre claveles rojos, y entre jazmines albos, no como^ enredóse el diosezuelo incauto.

Las alas temblorosas bate el rapaz cuitado, para quedar asido mas y mas con los lazos.

Admirada Clorila,

suspensa estuvo un rato; pero luego entretege al amor con los ramos.

i6.

A su frente lo lleva, y el amor, mas ufano que si la misma Venus lo pusiera en sus brazos.

Desde allí á los pastores que coge descuidados] les dispara sus flechas, que son ardientes rayos.

Pues yo, que á tu guií'nalda la estoy siempre mirando, y vengo á ser por esto de amor el mismo blanco:

¿Como tendré este pecho, Clorila? Con mil dardos lo siento: sí, Clorila, lo siento atravesado.

¡Ay! suelta al picarillo, y á la alma Venus dalo, que menos que en tus flores hará en su seno daños.

¡Ay! suéltalo, Clorila, que viejos y muchachos

i7-

se quejan en la aldea de su fogoso estrago.

ODA 5?

Calle la fama ahora

de Chipre, y no me diga que sus alegres huertos

ofrecen mil delicias.

El huerto compendiado de mi bella Clorila^ contiene menos flores; pero de mas estima.

Cuando estoy asaltado de negra hipocondría^ me brinda mil placeres en estas flores mismas.

Claveles en sus labios de purpura encendida^ en sus ojuelos yedras, rosas en sus mejillas.

i8.

¿Que dioesj Venus blanda, del huerto de Clorila? ¿Son así d se parecen tus chipriotas delicias?

¡Que distancia tan grande, o' Venus, se divisa entre una3 y otras flores, aunque tií lo resistas! , AquelJUs aparecen con agudas espinas; pero estas, aunque gratas, son de honestas delicias.

Sí, Venus: y te juro

que á pesar de tu envidia, no se ajarán las flores de mi amada Clorila.

ODA 6?

Con otras zagaleja?, un dia de verano,

^9-

por modo de paseo^

salió Giorila al campo.

Cuando dabao la Vüeka, traían en las manos hacecillos curiosos, de flores matizados.

Sobre las rubias trenzas, que el aire iba soplando, se ostentaban las rosas que habían entrelazado.

Dispuso la fortuna

que yo saliera al paso: Clorila diome luego un muy gracioso ramo.

Ramo que había sido lisonja del olfato, émulo de los otros, y honor ya de mi mano.

Algunos pastorcillos que supieron el caso, su inocencia y mi dicha gruñeron y ladraron.

Mas yo digo á Clorila: ¿cuando vuelves al campo con otras zagalejas un día de verano?

ODA 7?

Esas que los zagales llamamos chupa-rosas, tras tu guirnada vuelan^ Clorilaj á todas horas.

Algunos pastorcillos émulos de gloría, andan también como ellas al olor de sus rosas.

A todos los desprecia; porque estos y las otras, son por rumbos opuestos hambrientas chupa-rosas.

21,

ODA 8?

De su guirnalda mismas y con su misma mano, Clorila en mi sombrero puso el mas bello ramo.

Traía acaso entonces un hermoso durazno, agradable primicia del huerto que yo labro.

Díselo; y ella luego lo echo en su seno blando, en .señal cariñosa de merecer su agrado.

De este modo Clorila advierte que su mano no cultiva la tierra de algún estéril campo.

No faltó quien dijera, que los lances trocamos; pero si bien lo dijo, no lo se, ni lo indago.

2».

Solo que en mi pecho sentí un placer estraño; pero tan dulce y vivo que no podré esplicarlo.

Por esto á mi Clorila le digo cada rato: dame flores, Clorila. y te daré duraznos.

ODA 9?

Sobre la blanda yerba de una selva florida, sus párpados al sueño entregaba Clorila.

La celestial fragrancia de su cara divina, un enjambre de abejas convoca á toda prisa.

Cual se pega á los labios, y quien á las mejillas, por dar á sus colmenas de tan sabroso almíbar.

Clorila que despierta: y tantas abejítas fueron luego despojo de sus divinas iras.

Á vista del suceso, que á todos intimida, en rüscicas zamponas no hay zagal que no diga:

Que el amor liba solo las flores de Clorila; y para Silvio^ y no otro^ sus panales fabrica.

ODA I o?

En pos de tu guirnalda estoy, Clorila, viendo mil simples mariposas, mil tiernos zagalejos.

¿Cual es mayor, discurre por contrarios estremos, si de aquellas lo incauto, " ó la malicia de estos?

2 i.

Si respuesta acertada me dieres, te prometo mi cabrito manchado, que aun no asom^a los cuernos.

Ajar las tiernas flores de mi dulce zagala quieren pastores necios con malicio^ instancia:

Pero aunque ellos parecen pajarracos que graznan, cuando viles no ensucian las flores . que intentaban.

Y05 como centinela de sus flores amadas, advierto que su dueño con recato las guarda.

Y al instante cogiendo la honda necesaria, á los pájaros bobos les tiro esta pediada.

25-

Aves de mal agüero^ mil veces mal os haya; y que os sean como espinas las flores de mi amada.

ODA 12?

Un sueño misterioso, dulce Clorila, atiende, me lleva por un prado de flores muy recientes.

Hacer una guirnalda allí se me previene, mas ¡ay! que un áspid sale de entre el florido albergue.

Grito, corro; y el susto del letargo me vuelve: y ya despierto, acaso será bien que te ruegue:

Que no me des motivo jamas porque me queje de los sueños^ que pintan entre flores serpientes. 3

20.

'ó'

Vn ramíllo de flores

lleva en su peclio blanco

la zagala que adoro,

muchacha de quince años. Al olor que despiden

las joyuelas del mayo,

siguenla los pastores

que encuentra por el campo. Cercanía como avej^is,

pero, vamos al caso,

todos íiuelen las flores;

mas nadie lleva el ram©^ Yo, que detras de todos

me divierto mirando,

al enjambre inespeito

este versillo canto: Apartaos^ zagalejos^

Clorila me ha contado^

que á sus flores no llegan

in sol entes muchachos.

27 ODA 1 4?

Como nunca de hermosa la zagala Cloriía se presenta á mis ojos haciendo florecitas.

Ya construye una rosa que emula sus mejillas: ya una blanca azucena que su candor imita.

Ya un clavel cuyas hojaSj, seg^un SU roja tiutaj parece que salieron de sus labios teñidas.

El azul de sus ojcs

en una yedra tira

Yo creo que mi zagala se retrata á misma.

Así que ha comple!adD su producción florida, de su rubia madeja se desata una cinta.

28.

Una guirnalda teje,

y con su mano misma cine mi alegre frente, por coronar mis dichas.

En la estación risueña no sale á las campiñas mas galán el verano á espensas de su ninfa,

Como yo, zagalejos, me presento á la vista de toda la cabana, por mi amada Clorila.

Ayudadme, pastores, á celebrar mis dichas, y al son de nuestras flautas conmigo todos digan;

¡Ay zagaleja hermosal tu Silvio te suplica^ que con tus bellas flores otra frente no ciñas.

«9.

ODA 15?

ün niño pequeñuelo con inocente mano jugaba con las flores de un delicioso prado:

Así se divertía,

y con gorgeos blandos engañaba del tiempo algunos tristes ratos.

Mas ¡ay! furiosos vientos que corren desatados, deshojando las flores lo privan de su encanto.

Llora el niño y entonces

viendo que es un retrato amor, delicia, ofensa, todo lo que ha pasado:

Te ruego^ mi Clorila^

que de algún fiero agravio

no deshojadas sean

las flores que yo canto.

30-

ODA I 6?

Auséntase Clorila,

y en este mismo instante que es de todas mis dichas el triste ultimo vale:

Mi corazón, si puedo

de este modo espliceinne, ' como el campo se queda cuando el verano sale.

A DioSy digo, Clorila: y pues contigo parten las flores que conmigo no permiten quedarse:

Te pido las defiendas del invierno cjue sahes^ no con un torpe yelo vayan á marchitarse.

Ella me lo asegura con aquellos modales, que su dulce inocencia, tiene para t^os lances.

51-

Y mientras que no vuelva»

las flores de mi amante^ estése mi cañuela pendiente de eí^te sauce.

Y el hijuelo de Venus que dictó estos cantares^ la mas amarga ausencia 4 llorar me acompaííe.

33- LJ INOCENCIA.

DEDICADA

J LA ARCADIA MEXICANA. ( i )

DEDICATORIA.

¿Con qué podrá mi musa,

ARCADIA MEXICANA,

darte por tanto elogio las mas debidas gracias?

( I ) Hallándose el autor de misionero en la villa de S. Antonio de Tula, colonia del nuevo Santander, en el año de 1H07, dedicó las diez siguientes Odas á los poetas cuyas producciones saüan entonces en los diarios de México: á quienes habla en la si- guiente Dedicatoria, bajo de aí^ueilos nombres que ellos daban á sus versos, E.

34. ¡Oh tií, Quebrara amable, que epj producciones tantas la suave esencia quinta de las Piendes sacas:

Y tu, melifluo Mopso^ que de tu lira blanda privaste á los que atentos sus tonos escuchaban.

Y tu, fogoso Arezi^

á quien la edad no apaga con sus escarchas frias de amor la ardiente llama.

Y tu, que tras las hijas del gran Júpiter andas. Aplicado^ travieso

en las discretas chanzas. Y, tu, que misterioso

en cuatro letras guardas ( 2 )

(2 ) J. M. R, C. Asi se firnaaba uno en el diario. £.

35- un nombre que merece

lo publique la fama. Y tiíj Can-azul diestro,

que la discordia espantas,

al son de las cañuelas

que te dieron las gracias. Uribe Deoquin todos

los que en el diario se hallan.,

tejiéndole á mi musa

diferentes guirnaldas: Con ellas ha subido

á la cumbre elevada

de xipoloj y hoy se mira

entre las nueve hermanas. Allá en felice vuelo

de vuestras grandes alas

subid ¡milagros todo$

de vuestras alabanzas! ¿Con qué podrá, pues, ella

coiTCspondéros grata,

sino con repetiros

lo mismo que os agrada?

36.

Vosotros lo habéis dicho; y así estas Odas vayan^ que alaban la inocencia de una simple muchacha»

Ellas son 5 en algunas horas desocupadas, á manera de alivio de mi tristeza amarga.

Mi musa las entona, y estas altas montañas de la villa de Tula repiten sus tonadas.

Los pastores en ellas

aprenden como se ama; y á serles siempre íieles se enseñan sus zagalas.

Escuchadlas, paslores

de la moderna Arcadia: escuchadlas benignos, y perdonad sus faltas*

37-

ODA I?

INTRODUCCIÓN.

Cantar de la inocencia los amables candores, será el mas propio asunto de mi campestre albogue.

Musa, la que desdeñas á los sublimes hombres, que se van a las nubes en sus grandes transportes:

Y que solo te dignas animar los cantores, que entonan agradables sus humildes canciones.

Tu, que á mi ruego fácil por estos densos bosques me acompañas algunas felices ocasiones:

Ahora mas que nunca benigna me socorre,

38. porque de la inocencia quiero cantar loores. Loores, que soberbios allá en algunas cortes, desprecian los que ciegos su objeto no conocen.

Y tu, virtud del cielo: alma inocencia: acorre, vuela y dale á mi musa tu merced y favores.

Preséntale tu imagen

bajo el rostro y colores de la candida Anarda, zagala de estos montes.

Y haciendo este milagro, verás los vicios torpes que arrastrándose huyen

y en sus cuevas se esconden. Verás en tus altares las mas preciosas flores que brotan los afectos de nuestros corazones.

Mientras que la comarca te llama con el nombre de la diosa que influye en los castos amores.

Y la fama alentando su retorcido bronce^ alegre desparrama tus gracias por el orbe.

Esto baste, inocencia: y que mi musa sopíe^ que ya mi albogue suenSp y las cabanas le oyen.

ODA 2.

JjA zagaleja.

Erase en estos campos una graciosa nifía, que nunca vid la cara á la negra nialicia.

4o.

Llevóla su inocencia

de acuerdo con mi dicha, por do estaba yo en vela de mis pobres cabritas.

En sus negros ojuelos

que el dulce halago habita;, y en sus purpúreos lábiois que ^ bañan de risa.

Se asoma milagrosa la honestidad sencilla, que si esperanza alienta, también temor inspira.

•Amor, que de mi pecho su blanda cuna hacía, como yo la mirase, despierta á toda prisa:

Y luego por el aire batiendo sus alitas, se va al tierno regazo de la silvestre ninfa.

Ella teme cobarde

al verlo una ascua viva,

41.

y de su seno de ámbar lo arranca y precipita.

Mas luego su ternura,

superior á lo esquiva, * del suelo lo levanta, y le hace mil caricias.

¿No te acuerdas, Anarda, de las primeras vistas que tuvimos? ¡Ay tiempos de nuestra alegre vida!

Huyeron mas dejando,

sin aguar nuestras dichas, mil motivos gloriosos de inocentes delicias.

Porque ellos solamente lo caduco dominan; no la virtud, que el alma sus bienes eterniza*

4d.

ODA 3? LA SIMPLICIDAD^

Cuando en la dulce Anarda

cual por vidrieras veo

aquella su agradable

inocencia del pecho: Me acuerdo lo que sabios

decian nuestros viejos

á todos sus muchachos

en pastoriles versos. Al son de sus zamponas

cantaban^ que hubo un tiempo

en que bajo á los canxpos

una virtud del cielo. Los hombres que al mirarla

nuda y de rostro bello,

el nombre de la amable

simplicidad le dieron. Y que amada de todos siempre estaba con ellos, 4

48.

en sus selvas y chozas, en sus mesas y lechos.

Y que así como el orbe se anima por el fuego; así por ella todos los humanales pechos.

PcrOj que vino un dia obscuro, en que con ceño doble la ^io el engaño, de falsedad cubierto:

Que asustóse; y turbada, dejando nuestros techos, se fué á las soledades de los incultos cerros,

A vivir con la humilde yerbecita del suelo, con inocentes aves, y con mansos corderos.

¡Oh virtud^ que en mi Anarda tienes como un espejoi así como en la luna el resplandor febeo!

44-

Tií, liberal la envías de allá desde tan lejos, tus mercedes y gracias, que ella guarda en su seno:

Donde yo cariñoso y rendido^ te ofrezco^ como en ara sagrada, mil sacrificios tiernos.

ODA 4? LA CORDERITA.

Una mansa cordera tieile la dulce Anarda, que yo la di obsequioso de mi corta manada.

Sonoros cascabeles

le cuelga en la garganta, y un penacho le forma de cintas coloradas.

Erase la ovejita

en verde campañaj

45-

envidia de las otras,

y hechizo de su ama.

Mas ¡ay! un lobo fiero que en la noche callada bajo, cuando yacia en sueño la cabana:

Del hambre que le roe el corazón y entrañas agitado, la embiste, y su sangre derrama.

¿Do', Pan, estás dormido? ¿Por qué tu ronca flauta con siete horrendas voces á las fieras no espanta?

Y no que Anarda triste hoy llora por tu causa^ sin admitir consuelo, mil lágrimas amargas.

Pero tu llanto enjuga, tiemísima zagala, que si la oveja ha muerto aquí tienes mi ahna.

46.

Mi alma que te quiere con un amor sin mancha, como otra corderita, que te traeré mañana.

Pero, cuidado, mira

que de otros montes bajan otros lobos, hambrientos de otras corderas mansas.

Guárdate siempre de ellos

de los hombres te guarda, que carnívoros buscan á las simples muchachas.

ODA 5?

EL PREMIO.

Pídenme las zagalas que les cante la bella perspectiva que forma la alegre primavera.

47-

El caso es venturoso, .

pues su favor me empeñan

Lesbia, Lidia, y Anarda,

con mil dulces promesas. Rendime, pues, gozoso:

rendime ¿Y quien pudiera

no rendirse á la instancia

de tres muchachas tiernas? A su influjo suave

desatóse la vena,

y espacióse mi musa

por la i3Íntada selva, y así cantaba el como

y el cuando á nuestras tierras

se asomaba la diosa

de la estación risueña. Y como va sembrando

sus flores por la selva,

que por cogerlas corren -^

las lindas zagalejas: Mientras que los pastores

con blandas cañucelas

48. mil amores las cantan y sus gracias festejan;

Con otras muchas cosas que llenaron la fiesta, y que aunque no son malas^ pero que son ya viejas^ Cantaba: y luego quita de sus doradas hebras Lesbia un listón moradoj^ y lo faja á mi trenza»

Al dedo pequeííito una ebiírnea fineza saca Lidia, y al mió lo hace entrar á fuerza.

¿Que hará entonces Anarda^ la dulce muchachuela^ que mi afecto se roba con su simple inocencia?

¿Que hará, entonces? me mira: y la cara cubierta del color que le saca la virginal modestia;

.49.

Se acerca titubeando,

y una blanca azucena

de su albo pecho arranca,

y la pone en mi diestra.

Se oye al pronto un zuzurro, como el que las avejas en el hueco levantan de la obscura colmena:

Porque muchos zagales

que están por la pradera,

discurren como todos,

allá con sus cabezaSé

ünoSj discretos votan por el premio de Lesbia, y otros por el de Lidia mil razones alegan.

Yo que no entro en disputas, huí de la contienda; pero dando al de Anarda mi amor la preferencia:

Porque en él contemplaba cifrada su inocencia,

so- por la que en estos campos

mis versos la celebran.

Por elia, mas que á nadie,

le cantaré la bella

perspectiva que forma

la alegre primavera.

ODA 6? LA TORTOLITA.

lia tortolilla tierna que en jaulita curiosa de mimbres delicados tema mi pastora:

La que huérfana vino, por suerte venturosa, á morar en su seno, como en nido de aromas:

La misma que á su dueño en apacibles horas ^u inocencia divierte, y sus delicias forma:

5í-

*^^Esfa mañana^ es cierto^

de la frágil custodia

r salióse, dando ál viento sus alas voladoras.

Salióse cuando en lo alto de las pajizas chozas el alcon afilaba sus uñas trinchadoras.

Este la sigue, y ella revolando medrosa, huye; y por todas partes las auras leves corta.

Yo entonces preparab'a mis flechas cazadoras, con que sigo á los Ciervos, los Pardos, y las Onzas:

Y con certera mano,

y en nombre de la diosa de los bosques, disparo nna jara sonora.

Silvd el aire: y al punto en presencia de todas

5»-

las Napeas que iban en séquito de Flora,

Bajo el ave rapante

envuelta en sangre roja^ y la tórtola simple con vida milagrosa.

Al mirar el suceso, estaba como absorta Anarda, y yo la dije cantándola esta copla;

Anarda^ ten presente^ si sales de tu choza^ la 'malicia del mundo ^ tu inocencia^ y mi honra.

ODA 7?

•EL HIJO DE FE ÑUS.

Mirando la inocencia

de Anarda, y lo sencillas

53-

que^ se muestran las gíacias que la hacen compañía:

La insolencia presume temeraria sus dichas, en el culpable goce de fáciles caricias.

Pero, ¡cuan engañada! pues mi celo la avisa del mal en que tropiezan las imprudentes niñas.

Por esto, aunque inocente, de las flechas se libra que amor, hijo de Venus, le dispara encendidas.

Burlado este muchacho, emboscábase un dia, cual cazador que acecha incautas liebrecillas.

Y oculto entre las ramas de sus cautelas fia el triunfo á que aspiraba de la inocencia misma.

54.

Como otras ocasiones

tras sus corderas iba^ buscando frescas sombras

mi Anarda simplecilla: Saco la cara entonces

amor, y la convida

con sabrosas ciruelas,

que allí cortado había. Cuando ella advierte el riesgo . de las redes que pisa,

llama á su honor, que acaso

ya en su zagal venia. Libróse: y aquí es cuando

dobladas las rodillas,

el diosezuelo astuto

de la chipriota isla, Mirando á todas partes,

y juntas sus manitas,

mil puchericos forma

que á me hacen cosquillas. Y llamando á los Faunos

de aquellas serranías,

55* como testigos fieles,

su amparo les suplica. Pero al fin de sus votos^

y plegaria infinita^

mezclada con un dulce

torrente de mentiras. La merecida gala

al pronto se le aplica

que se da á los muchachos

por sus travesurillas. Las ninfas de los montes

que estaban á la vista,

riendo á carcajadas

la fiesta solemnizan. y Cupido de entonces

á mi zagala mira,

como gato escaldado que huye del agua fria.

5^.

ODA 8? LA FÜENTECILLA.

En el ameno soto

do suelo entrarme á ratos¿> á repasar memorias de mis pueriles años:

Hay un ojito alegre

de agua pura^ manando el humor de algún rio que corre subterráneo.

Jamas se le avecinan ios sedientos ganados, porque Driadas verdes io están siempre guardando.

Al mimen del silencio parece consagrado; y un no qué respira de sueños y de encantos*

Alguno de estos dias á su orilla sentado.

57- contemplaba lo limpio

de sus cristales claros.

Su linfa transparente

mis ojos penetrando,

alcanzaba la vista

los pececillos vagos,

Y las pequeñas guijas,

que allá como en letargo

hundidas en el fondo

se advierten descansando.

Entonces á mi dueño

el símil apropiando,

por su pecho sencillo

que nada me ha ocultado,

Escribí como pude

en el tronco de un árbol,

cedro muy corpulento,

estos versillos cuatro.

Anarda^ si á este sitio

te tragere el acasOj

en esas a^uas mira

tu natural retrato.

5?-

ODA 9? tA VENUS DE CHIPRE.

Vocinglera la fama cuenta como Cupido, burlado por Anarda, ú, su madre lo dijo.

Y como allá en el bosque, entre espesos lentiscos

fué castigado, siendo tan tierno y tan bonito.

Y que irritada Venus rasgando sus vestidos,

y dando al suelo muchos de sus lucientes rizos:

Tres, cuatro y muchas veces

con llantos y con gritos, juraba la venganza por los lagos estigios.

Y que subiendo al carro, y dejando los ciprios

5

59- lares, á nuestras tierras

derecha tomo el giro.

Y que en su auxilio vienen

mil flecheros Cupidos,

como tordos que vagan

tras Ceres por los trigos.

lyias ¿que importa, si Anarda

aunque simple ha tenida

para todas sus huestes

un pecho diamantino?

El caso es como sueño;

mas en verdad yo he visto

un ejército grande

de alegres pastoreólos.

Que siguen a mi Anarda

por los valles floridos:

y esto encierra misterios,

y encantoSr y prodigios.

¿Pues qué? ¿no pudo Venus

dar allá con hechizos

la forma de zagales

á sus amores mismos?

6o.

Y ¿para qué todo csto^ tií^ la reina de Gnido, y de Amatunta^ y Páfos^ y otros pueblos lascivos?

¿Para qué tus banderas, tu poder y dominios, se estienden hasta el campo de honestos pastorcitos?

¿Para qué tanta guerra? ¿para qué tantos tiros preparas a una joven de un pecho el mas sencillo? •Pero: ¿que me detengo, pastores, en deciros la insolencia de muchos amores atte vides?

Una lóbrega noche cercaron el pajizo albergue de mi Anarda, sus ojos ya dormidos.

Mas luego dispertando, y dando voces, dijo:

6i.

AnfrisOy acorre^ vuela ^

tu honor se halla en peligro. Y ellos, como ladrones

al trueno fugitivos,

con su madre se fueron

de vergüenza corridos. Acompañadme gratos,

pastores mis amigos,

y cantemos ufanos

al son del caramillo: \Victor\ \0h^ Víctor grande,

Anarda^ y siempre victor;

que aunque simple has triunfado

de Venus y Cupidol

ODA

I o?

CONCLUSIOy.

Todos cantan

materias

según sus

facultades.

ayudados del gusto

y primores

del arte.

62.

Y así cantan felices los rústicos zagales, las gracias de sus dueños, en que atias sobresalen,

Fabio canta de Mirla 5 en cítara sonante, las hechiceras voces de sus dulces cantares.

Floridano, de Lisi las figuras que sabe diestra forínar en todos . los campesinos bailes.

Amin, de Aleja lo albo de su mano tornátil , cuando las cuerdas de oro de su vihuela tañe.

También de su Dorila los ojuelos vivaces canta el sabio Fileno, en metros agradables. Nicandro, de Rosenda el aliento suave

63.

de olorosos claveles,

cuando la boca abre. Nemoroso, de Tírsa el cuello, comparable á la nieve, que adorna con saltas de corales.

Todos cantan discretos

según su ingenio, y hacen de este modo sus dueños sugetos memorables.

Yo empero cuitadillo, en humilde lenguaje canté de Ja inocencia los dones singulares.

Cántelos como pude,

bajo el propio semblante de Anarda, que es el dueño que por suerte me cabe.

Si acerté en los colores que presentan la imagen de la virtud, que es propia de genios cehstiahs^

^4.

No importa que tu nombre se quede en estos valles, Anarda, y que el silencio para siempre lo guarde.

Toma mi albogue humilde, y en aquel árbol grande que hace fresca tu choza, que penda en adelante.

Allí estará á tus ojos, sin que otro amor alabe, que el que nace de un pech« sencillo y como de ángel.

¡Oh, si el tiempo quisiera los respetos guardarle que hacen vivir por siempre á la virtud laudable!

Ento'nces: él viviera, y tu blando carácter aunque simple, seria ejemplo cu las edades.

¡Ay! guárdente los cielos de enemigos falaces.

65.

y tu alba frente ciñan laureles iomórtales. ( 3 )

( 3 ) Cuando en el año de 1807 pasaron estas diez editas á la censura del Sr. D, José Manuel Sartorio para que se imprimieran en nuestros diarios, comprendió tan respetable sábÍ3 todo su parecer en esta cor- ta, pero enérgica csclamacion: iQuien puede ne^at su aprobatwn a estas bellezas tan dignas de sa^ lir al fúblic(j\'=.S>'.rtoYÍo^

De intento no he querido poner esta nota has- ta el fin de ellas, porque no dudo que encantado ya el lector con su hermosura, esclamará también: ^<'Quien te pued^ negar el tributo de Ja admiración,

ó dulcísimo NATAKRETE.^ E.

66. LA MÚSICA

Quoniam coHvenimus ambo

Tu calamos inflare levesy e¿o ditere tíersus.

TIRGIL. EGLOG. 5*.

Id, mis versitos tiernos, á la presencia augusta^ á las aras divinas de Celia^ deidad dura.

Id á sus manos albas, á sus manos ebúrneas, gue al jazmin hacen negro, y á la azucena obscura.

Aquellas manos sabias, que diestramente pulsan el órgano sonoro de las cantoras musas.

Besadlas: ¡ayí besadlas con sumisión profunda, á nombre del que os manda á tan sagrada altura.

¡Ay! venturosos hados

tengaisj y que os índuzcaa por sus muy castos ojos santo amor y fe pura.

ODA

Canten otros poetas de su objeto amoroso claveles por mejillas^ y luceros por ojos.

Mientras que en pequeñuelos dulces versos yo entono

68.

la música suave

de la niña que adoro.

jOh! préstame, divino VALDES9 tu laúd de oro: el mismo que pudiera honrar al grande Apolo.

Comunícame el tierno

aquel muy blando soplo, que fué para tus versos como un vital favonio.

Así tu diva Filis,

con recuerdos gloriosos, enjugue para siempre tus tan fúnebres lloros.

Entonces mis versillos, con son mas delicioso, que plácido murmullo de pequen uelo arroyo,

Irán á los oídos

de un simulacro hermoso, duro á mí, como blando i musicales tonos.

69.

¡Ay, Celia! ¡ingrata Celia! acá tomo en un trono en el aliíia te miro^ y humillado te ladoro.

ODA 3?

En éxtasi el mas dulce mi alegre fantasía del célebre Parnaso llevóme hasta la cima.

Entre mil caprichosas cuanto agradables ninfas, el alma me arrebatan la Música y Poesía,

Estas dos bellas artes, como iRiARTE decia, yo las vi que tocaban en una misma lira.

Y Jove, el almo padre de tan augustas hijas, desde su solio excelso

70. luces les comunica,

Al paternal influjo estrechamente unidas, una y otra abrazada sus gracias eternizan.

Mutuos sus sacros labios, las rosadas mejillas con ósculos se alternan en fraternal caricia*

Aquí vuelvo del rapto, Celia del alma mia, solicitando el goce de tu gracia benigna:

Y que los dulces versos de tierna poesia los llevara á sus tonos tu música divina.

¡Oh, si tal sucediera! ¿cuanto mejor sería la realidad, que el sueño de la imaginativa?

71-

ODA 4?

¿Que quieres, amor necio,

si en pago del cariño

que á Celia ingrata tienes,

ya su rigor has visto? ¡Oh, mas que el bronce dura

sí, mas que el bronce mismo

dura, la que maltrata

á un ternezuelo niño! Así esclamaba, cuando

en mi triste retiro,

dura Celia, contemplo

tu rigor escesivo. Entonces, sea sueño

que me cae de improviso,

ó fantástico rapto,

ó amoroso delirio, Vi entrarse por la puerta

de este cuarto que habito

72. dando flébiles ayes^

un pequeño infantillo. ¿Que tienes? le pregunto:

dímelo ¿andas perdido?

¿eres huérfano acaso?

¡ay! ¡pobre muchachito! Ya un diluvio de llanto

sus tiernos cachetitos

inundaba , moviendo

mi ánimo compasivo. Y arrancando del alma

un blando suspirillo,

me responde; ^^papá^

papá^ yo soy tu hijo, ¡Ay! que ¿no me conoces?

Yo soy tu amor, el mismo

que en Celia rigorosa

á mamá solicito. Porque absorto en lifts gracias

de sus músicos trinos,

elevado me tiene

con sonatas y trios.

73- Mas ella me despacha

en busca de cariños,

y madre que me envuelva

á No puedo deciilo. ^

Sí, ya te entiendo mi alma, le contesto: ¡angelito! vente á mi pecho, vente á tu cuna, á tu abrigo.

Duénnete; y la esperanza, consuelo de afligidos,

que te mantenga calla:

ten paciencia, hijo mió.

ODA 5?

Discípula de Apolo:

cuando yo te contemplo divertida, pulsando el sonoro instrumento:

Cuando en raptos del alma miro tus albos dedos.

74.

honrando del teclado los marfiles muy tersos:

Estaba por decirte

que como en grato sueño escucho, aunque distante, los acordes acentos.

Tu música agradable con un divino fuego alienta, sí, no hay duda, alienta mi deseo.

¡Ay, Celia, Celia hermosa! con sus alas soberbio sube a gozar las luces de tu elevado cielo.

Mas ¡ay! que deslumhrado tan loco pensamiento, precipitado baja; pero en amarte ciego.

Ciego en amarte sigue,

por mas que tus intentos

castigos le preparen

después de mil tropiezos. 6

_ 75- Este es amor constante;

mas con tan dulce objeto^

las penas se hacen glorias,

favores los desprecios.

ODA 6!

JamáSj ¡oh cielo santol

la tentación tuviera

de amar niñas que juntan

á la sabias lo serias. Mi voluntad, medrosa

en esta parte, era

virgen, y así tenia

su algo de recoleta; Y mi amor, cauto niño,

no obstante su inocencia^

hecho voto tenia

de castidad perpetua. Pero ¡ay! que. al contemplarte

aunque adusta, discreta.

76. todas mis precauciones

las echaste por tierra. Mas nada habías perdido,

si por la contingencia

tu gracia, Celia hermosa,

mi amor te mereciera»

Podías, y yo lo digo, corresponderle tierna, siquiera porque hasta ahora tu 'has sido la primera.

¡Oh, Celia: Celia ingrata! ¡ay! a'mame siquiera 'porque nunca en mi vida quise á graves ni austeras.

¡Oh, como te cantara,

y al compás de tus cuerdas . te dijera mil dulces mil cancioncillas tiernas!

ODA 7?

¡Oh, dichosos mil veces músicos celebrados:

ttí. Pleyel espresivo^ tú, Háiden soberano!

¡Dichosos! SÍ5 por vuestras obras de ingenio raro, qvie acaso la hábil Celia ahora está estudiando.

Esto 03 hace, no hay duda, aun mas afortunados: ¿para qué mayor gloria? ¿para qué mejor lauro?

Yo no le trocarla por el eterno ramo que en su dorada frente ostenta Apolo ufanó.

Vuestras composiciones por virtud, d milagro, hagan su alma mas dulce, y su genio mas blando.

Susciten en su pecho,

en su pecho mas blanco que la candida nieve, y el bruñido alabastro,

78.

Aquellos sentimientos

divinos, mas que huflaanos, que presumen de tioraos, sin desmentir lo castos.

El mismo amor ^e ep. éla. tiempo ha que estoy ^buscando, por lisonja á lo menos del gusto con que la amo.

ODA 8?

Inconsolable estaba

el niño amorj y dicen

que á su madre la diosa

así le llora triste: 59 ¡Ay, madre! no como,

no como decirte,

que Celia inexorable

no quiere recibirme. Esta deidad me agravia,

cuando es que no me admite,

porque intereses bajos

son mis línicos fines.

79- ¿Qué dices^ madre, de eso?

" alma madre, ¿qué dice3?

pues yo ¿para qué quiero

lost dones contentibles? Aunque muchacho, no ando

con empeños pueriles;

ni hago el trato un comercio

que me desacredite. Yo busco los halagos

en tonos apacibles,

como niño criada

con tus tiernos melindres, Estos son en mis pascuas

en mis pascuas felices

mi turrón de alicante^

y también mis confites. ¿Y qué cuando se llegan

mis cumple-años? me sirven^

sí, los dulces halagos.

de muy preciosos diges. ^' Entonces Venus blanda

risueña esque le dice:

8o. 5, anda, cuitado, aprende ^ las chanzas femeniles.

y á la deidad que nombras, y en gracias me compite, dile: que eres muchacho digno que te acaricien.

Que te quiera, que te ame, que te adore, y estime, que á su seno te lleve, y que en él te eternice. "

ODA 9?

A ti. Fama gloriosa de la divina Celia, que sus gracia publicas con cien bocas parleras:

A que le das todo un cumulo de prendas, á me quejo, Fama, pues me haces quererla.

8i.

Si es tan tierna que admite el símil de la cera^ cuando dócil se ablanda á la llama febea:

¿Como dura resiste

cual diamantina piedra^ al fuego de un amante, que ansioso la desea?

N09 Fama, cuando alabes tanta beldad, espresa, su ingratitud, cual mancha de toda su belleza.

O así como la sombra al claro sol opuesta, d en candida mañana como una nube negra.

Y tenga Celia ingrata

el nombre de discreta,

y de hermosa, y de sabia,

y otras mil cosas buenas:

Y sobre todas cuantas te tmsi€a se lleva

82.

alabanss^s «ublimíés, publífquese iftaestra;

JPero el honor mas grande de la naturaleza, el título de dulce^ no, Fama, no lo tenga:

Hasta qnte á mis amores no haya dado las pruebas que las kyes imponen de ia correspondencia.

ODA 10.

Estas son, ¡oh sagrado, escelso, sabio mimen! 1«8 sílabas postr€«ras de mis versillos dulces.

Sí, Apolo, para siempre de ta elevada cumbre me despido, llorando ei Tubor que me cubre»

83. Porque dime, ¿si Celia

como un empeño iniítil

había de leer mis versos^

por qué suave le influyes? ¿Por qué su alma dispones

con todas las virtudes

de músicos encantos,

aunque el verso no escuche? La música, y poesia,

por tus hijas las tüve^

y en armónicos lazos

las hiciste insolubles. ¡Ea! vaya, Apolo, dile

que con su hermana junte

4 mi poesia tierna;

por mas .que la repugne. Que es paternal precepto,

y es fuerza se ejecute,

que un pmito no se apárteu

las hijas de tu numen. ¡Oh, si tal sucediera!

yo en métricas laudes.

84. Stt ch^e elevaría á esos cielos azules. Para que allí brillara como la lira ilustre del milagroso . Orféo, entre las claras luces.

ODA 11^

¿Conque puedo entregarme al consuelo? ¡dichosas de amor las dulces flecha^ que cuentan mil victorias!

Jja mayor fué vencerte:

, sí, Celia, y mas que todas al amor acredita de fuerza poderosa.

Todo el amor lo vence; y por el alma toda se me entra y me consume su tea abrasadora.

«5-

PerOj ¡qué dulce! ¡ay, Celia! ¡ay, Celia muy hermosa! ¿la sientes tu? pues deja, deja abrasarte toda.

jOh, blandos cupidillos! con alas vagorosas volad: venid: tejednos bellísimas coronas.

Quemad indensos suaves: esparcid frescas rosas: cantadnos dulces himnos con gargantas sonoras:

Y repetid alegres

de amor la gran victoria; si Celia con su clave ^ Fidelio con sus odas.

En la siguiente composición imitó ve^ llámente el autor á D. Juan Melen- dez Valdes, en la Paloma de Filis. ¡Gran privilegio de los poetas: transmitir á la posteridad aun las mínimas cosas de sus dueñosl E.

LA POLLITA

DE CLORL

Si el suave pajarillo

que á Lesbia fué embeleso dio materia á catülo para tonos funestos:

Y si VALDES divino, inspirado de Febo, la Paloma de Filis canto en graciosos méttosí

Favor, d blandas musas, hoy sea, pues os lo ruegOj la Pollita de Clori, asunto de mÍ3 versos*

87.

ODA 2?

En el dulce regazó de mi Clori halagüeña una alegre esperanza cumpliame mil promesas:

Cuando de su morada éntrase por la puerta dando llorosas piadas mía pollita tierna.

Del cascarón entonces había salido apenaSj porque eran sus plumillas como de blanda seda.

Al instante mi Clori á su falda la lleva, ya en su seno la pone, ya la saca y la besa*

Tente, Clori, y te guarda de prodigar finezas, que á se deben solo tus espresiones tiernas.

88.

ODA 3?

Ya en el seno de Clorí se arrolla su pollita, y al calorcillo blando se queda ya dormida.

¡Venturosa poUuela, que te ves soconida no bajo de unas alas de plumas mal mullidas;

Sino en el mismo seno de Clorij donde anidan el amor delicado, las gracias, las delicias!

¿Qué importa que los hados te hiciesen peregrina, si tu suerte otras aves como gloriosa, envidian?

Sigue, sigue en el seno do gozas mil caricias, coi^ gusto 4e tu dueño, y con envidia mia.

ODA 4*

;Qué tiernos tus oficios, qué graciosos, qué humanos, la huérfana pollita debe, Clori, á tu mano!

Ya de arroz le presenta los pequefiueíos granos, o ya el trigo que quiebras con tus dientitos albos.

No que siento, Clori. Tu genio es ya mas blando, que cuando yo gemia eq busca de tu agrado.

tierno amor entonces tratabas con agravio^ no obstante que te hacia mil dulces agasajos.

Pero, si ya rae quieres.*,... Glori, ¿di si me engaño? No.— Pues á Dios memorias de tiempos ya pasados. 7

90.

ODA 5?

De Clori la pollita

ha cresido ya un poco, de suerte que ya puede subírsele liíiBta el hombro.

Desde allí solicita

abrigo de algún modo^ entre las rubias hebras de su madeja de oro.

Tal vez alarga el cuello, y sit piquilío corvo á besar se dirige del labio el clavel rojo»

El aljófar menudo

de sus dientitos cortos, pica;* y su engaño espresa allá en su feble tono. Vqto ya se consuela

con néctar mas sabroso que el que á Júpiter sirven fin su alto consistorio.

91-

ODA 6?

Cuando al hombro te subes de mi querido dueño, parece que platican las dos algún secreto.

Ya llegas á su oído el pico vocinglero, y ella volviendo el rostro te truena un dulce beso.

¿Le llevas por ventura recado de algún necio?

¡Si así fuera! al instante

te torciera el pescuezo.

Y en el caso, ¿qué dice? ¿le pagará su afecto?

¿Olvidará que la amo?

Tu callas..^... yo recelo.

Dile, dile que á nadie

mire con ojos tierno^,^

92-

que su afición yo solo,

yo solo la merezco. Dícelo: así los dioses

te libren de a Icón fiero^

y lo que es mas, gozando

delicias de su seno: Hasta que hayas crecido,

y de tus miamos huevos

saques unas pollitas

que te sirvan, de espejo.

ODA 7?

Los luharcitos negros

que en su carita blanca

tiene mi Clori bella

con que aumenta su gracia.. Con blandos piquetillos

5u polluela le halaga,

como que solicita

comérselos incauta. Así lo he presumido,

porque en esta mañana

93- que Clori la tenía

* calentanda en sif falda,

¥a que Glori dormía, la avecilla itísensata al mas principal de. ellos da muy recia picada.

Abre los ojos Clori, y adolorida palpa sobre el puntito obscuro sangrienta pincelada.

En esta ocasión, se une al marfil de su cara, sobre azabache negro, roja esmalte de grana.

Que á su mucha, inocencia la polla ipil gracias; si no, asada esta noche yo la diera la gala,

ODA 8?

Pollita afortjunada, . ^ji^ guando mas crescas

94- de se prende un pollo que te haga bien la rueda.

Que cuando al hombro suba} de mi adorada prenda, le digas^ que no le haga traición a mis finezas.

Dile^ que si tan solo el temof de la ofensa es agudo cuchillo que el pecho me atraviesa:

Cuando de un duro agravio ia reahdad sintiera, ¿qué seri^? ¡Ay! díle, dile, dile mil cosas de estas.

¡Ay! dícelas. pollita: asi cuando mas Grescas de se prende un pollo^ que te haga bien la rueda.

ODA 9?

jQue bello raaridage,

polluela, hacexi tus plumw

95- realzando cada día

mas y mas tu hermosura!

Sabia naturaleza, . * en dos colores junta cuanto cabe de lindo en las pollas mas chulas.

¡Qué alba se me presenta la plumosa pechuga, que del sol á los rajaos como nieve relumbra!

El evano se visten

las alas puntiagudas,

y en lo deñías del cuerpo los dos colores luchan. . Tal vez formar pretenden

de jaspes la figura:

tal vez una llovisna^

de* pringuitas menudas.

Vete, vete á presencia

de Clori que te influya,

porque a sus ojos debes

tu hechicera hermosura.

0d«

OPA 10?

La pollita de Clori,

de catarro maligno

se ha enfermado, y no valen

remedios á su alivio. ha plumilla erizada^

lo clavado del pico,

los soñolientos ojos

gon de su muerte indicioc jA}! que tierna mi Clori

los médicos oficios

hace con la polluela

imán de sus cariños. Ya con aceite la unta,

y ya la abre el piquillo,

instándola á que pase

algunos bocaditos. Ya en su amoroso seno

le solicita abrigo:

97- y^„.^ pero p^da valq contra su nocivo»

Ya ^1 estortQr le h4 entrada, succede el parasismo, y su vit4 aliento manda á los aires frioa.

Y pues la pena pasa del pobre anímalito ^ tí^ mi Clori tierna, ¡mal haya el romadizo!

ODA II?

la difunta polla no tien^ ya remedio, tanta copia de llanto ¿para qué das al suelo?

¿Para^quá el. llanto turbio enipaíía unos ojuelos tan graciosos, tan lindos, tan sin límite bellos?

Ya se quedan sia rosa^ tus cachetitos tiernos,

9*- como prados que arrazaft

algunos an'oyuelos.

lAy, Clori! que se eclipsan de tu gracioso cielo dos soles, cujas lumbres encendieron pecho

Qué ¿aun lloras? ¿Nada valen de tu Silvio los ruegos?.... Sí, Clori, otro semblante ya se te va poniendo.

La tormenta ha pasado: me parece que veo del cielo con la lluvia bañado el rostro bello.

¿Conque estas consolada? Pues déjame, te ruego, echar mi amante braao sobre tu blanco cuello.

¡Qué dulzura! no cabe en mi amoroso pecho. Ahom te suplico con todos mis afectos,

99- Que no tengas mas pollas de tan subido precio, que cuesten á tus ojos iágrimasj y á mi versos.

ADVERTENCIA DEL EDITOR.

Distribuyó el P. Na^^arrctc la traducíon siguiente en cinco QDAS^ evitando así ia monotonía, que hubiera forzosamente resultado por la uniformidad de la asonan ' cia, colocándola en una sola, la que siendo muy larga, no hubiera podido dejar de incomodar al oído menos deli- cado. A todaí ellas les formó su remate para que quedasen perfectas. A fin de que estos puedan distin* guir^e de la traiduccion^ van colocados etitre estrellas*

TRADUCCIÓN

Bfi unos versos de

BN CINCO ODAS ANACREÓNTICAS.

ODA I?

¡Oh niña! mas suave que el tierno gazapillo, y mas que el conejuelo. que está recien nacido.

Mas blanda que la tela que en Cea se ha tejido^ y mas que tenue pluma de nuevos anzarillos,

¡Oh, niña bulliciosa,

aun mas que el gorrioncillo cuando vuela en verano por los ramos floridos!

A

ÍOI.

También mas juguetona que peqüeñuelo ardillo cuando la virgen blanda le da en su seno abrigo;

¡Oh niña, muy mas dulce que los panales mismos de Hiblea, y que de azúcar Cándidos fragmentillos!

Mas blanca que la leché, y también mas que el lirio, y que nieve formando sus primeros armiños*

¡Oh niña !♦•.*.. * pero basta de estos^ asonantillos: vengan otros, porque esfta me quiebran ya el oído.

Pero vengan con tragos de generoso vino, que los brios de Baco :. son también de Cupido. *

102.

No puede Lieo, niña, remedar tus cabellos, ni aquel pastor Anfriso^ por amor jornalero.

Anfriso, que con gracia, del uno al otro extremo, de la frente le bajan dorados hilos crespos.

Los que con nudos de oro^ aunque se hallan sujetos, hacen vagar las almas' . de cupidos traviesos.

Mil anillos se forman que con .rocío bello, y con olor de mirra se llevan los afectos.

jOh, nina muy preciosa! cuyos blandos ojuelos^ son teas, luminosas del interior incendio.

I03.

Yo no puedo mirarlos de cerca ni de lejos, porque con llama oculta no se entren en mis huesos*

No, no parecen ojos esos Jas ojos bellos, sino UamaSj y Uanias de un amoroso fuego.

Las que Venus atiza con soplo lisonjero, y mantiene la gracia de tu mirar risueño.

* Dame, dame otra taza; mas gústala primero, si quieres que me salga tu retrato perfecto. *

ODA 3?

Tu nariz y mejillas de estilo dulce y blando,

io4*

¿como el lirio y la rosa Uamarélas acaso?

Tus labidcitos rojos, de claveles formados^ ¿diré que resplandecen cual coral encarnado?

¿Diré que margaritas son tus dientitos blancos? Y de tu lengua dulce ¿qué seguiré pintando?

¿Qué diré del oyuelo de tu barba, torneado^ y de tu blando cuello como la nieve blanco?

105. ¡Oh qué brazos tan dulces! ¡oh que agradables manosJ estas son de la aurora, si de Juno los brazos»

Tus pies, que me parecen los de Tetis, ¡qué pasos tan nobles! ¡qué posturas, ya quietos, ya danzando!

* ¡Oh! dame, dame, niña, dame, dame otro vaso, y que siga la fiesta entre Venus y Baco. *

ODA 4?

¡Oh niña! ¡qué agradables!

¡qué agudos! ¡qué jocosos 8

io6. ^on tus chistes freciienteSj con gracia y con adorno!

¡Qué dulces consonancias las de tus versos todos, que salen de tus labios como ámbar oloroso!

Ni la blanda Talía,

ni el mismo sabio Apolo, que hacen vuelvan los rios su curso presuroso:

Que ablandan á las fieras, y atraen peñascos broncos, igualan á lo dulce de tus festivos tonos.

Todas tus cosas tienen mil hechiceros modos: son dulces, son alegres en su trato amoroso.

Tienen mil juguetillos venales en un todo: tií sola en reúnes lo decente y lo hermoso.

107.

¡Oh, poderosa niña! tu compostura abono; mas ¡ay! para agradarme no has menester adorno.

^ Echa vino, muchacha,

que aunque ya estoy beodo^

quiero quiero mas tragos,

quiero morir á sorbos. ^'

¿Qué dios no te me envidia?

ni ¿qué valor te basta

para dejarme ahora

beUísima muchacha? Mas, ¿donde te me ausentag?

¿a donde huyes, ingrata^

alegrando los cielos

con tu risueña cara? Mi placer, mi dulzura,

mi corazón, mi amada^

io8.

mas que el oro y las piedras^

y que la rica grana. Mas ¿que digo que el oro,

que piedras, ni que grana?

También mas que mi vida,

muchachita del alma. Haz memoria, te ruego,

haz memoria y repasa^

el amor halagüeño,

y sus cadenas blandas: Desde la edad mas tierna

á y á nos atan

mas ¡ay! riendo Venus,

se burla de mis ansias. * La postrer copa quiero:

¡ay! dámela, muchacha

¿Ya ni esto me concedes?

pues, vete enhoramala. ^

log.

ODAS

á diversos asuntos.

ODA I?

De ' Dorofila.

Que en mediecítos nuevos yo diera á Doroíila diez pesos, era fuerza de la imaginativa.

Pero ¿quien pone duda? pues los labios de risa no son como los serios

r

que dicen mil mentiras. ¿Conque diez pesos fueron? ¿y en medios de carita? ¡oh qué prodigo me hacen las muchachas bonitas!

lio.

Y que ¿sin otra causa,

que por sus caras lindas?

pero vaya, si es fuerza

de la imaginativa. ¡Oh cuantas honras me hace

la bella Dorofila!

sin duda que en su obsequio

mi deseo adivina. Pues vaya recibiendo

esta graciosa nina,

no tan solo diez pesos,

que estas son raterías: Ciento, mil, un millón,

y la moneda misma,

mi alma, y mi vida, y toda

en medios de carita. ¡Mas ají! mi amor, no obstante

que entre chanzas se esplica^

de veras á sus aras

grato se sacrifica.

Y esto, ni yo, ni Fabio, ni Dorofila misma

•II.

podrá decir que es fuerza de la imaginativa.

De la misma.

Después de leer los versos de una discreta niña 5 me acostaba pensando ¿qué le contestaría?

Batid el mimen del sueño sus alaSj y á la cima del parnaso arrebata mi dócil fantasía.

Entre la sabia turba de las canoras ninfas, sobresale en el canto una beldad divina.

Pregunto por su nombre; y el genio de la risa que inspira en aquel monte las canciones festivas.

11^.

Abre su alegre labio, cuyo aliento suaviza el aire, como el ámbar que las flores respiran.

Y en un tono brillante, cual de una sinfonia,

me responde: es la bella, la musa Dorofila.

Desde que en dulces ocios esta preciosa niña entre las nueve hermanas su grata voz anima,

Parece que con nueva alegre lozanía florecen las alturas de esta mansión benigna.

Y Apolo el mismo Apolo

de sus manos confia

su cítara de oro. ¿Quien será Dorofila? Yo dije entonces: Vaya; pero esas gracias mismas.

si amor no las da el temple, no lo hará bien la niña.

Yo le canté unos versos de amor, como por trisca, versos que nada tienen de la imaginativa.

Mas ella se hizo sorda: y mientras la Taha del blando amor no escuche, no lo hará bien la niña,

¡Ea! vamos: tií que puedes influirle con tu risa, con tu risa agradable en mi favor mil dichas:

Tu que tan bien te hermanas de amor con las caricias, y cantas como á düo en acordes capillas:

Dile, que entone amores, y que una cancioncilla mis afectos la deban, y lo hará bien la niña.

ti4f

: i Entonces despertando

hallé en el alma mía

un retrato muy bello

no hay duda, de ella misma.. Ojos, como unos soles,

como rosas, mejillas,

labios, como claveles:

¡qué hermosa me la pintan! - Viva, pues, en mi pecho:

amor la haga que viva;

aunque diga que es fuerza

de ardiente fantasía. Esto contesto ahora

que el blando amor me inspira,

después de leer los versos

de una discreta niña.

S15.

ODA 3?

El triunfo del amor,

dirigida al autor de unos versos de

nuestro diario^ que se quejaba de la ausen^

da del sueño^ causada por unos celos que

le daba Anarda.

Hiñe tibi cum magna laude triumphus eat.

En alas de la noche, baja del alto cielo, baja tranquilo y suave, almo numen del sueño.

Y al lecho del amante, que con su triste ruego invoca tus favores, llega con paso lento.

Llega, y unge piadoso 'SUS fatigados miembros

|i6. del bálsamo agradable que refrigera el cuerpo.

Preséntale á sus ojos la imagen de su dueíío, la imagen cariñosa que tuvo en otro tiempo.

Haz, como en un encanto, que brote su albo seno, convertidos en flores^ agradables afectos

Que luego la fortuna los vaya recogiendo, y trenze una guirnalda para su amante tierno.

Después, que al coronarlo aparezca el dios ciego en su triunfante carro, y á sus plantas los celos:

Y que mil cupidillos, volando* por el viento,

digan victor y alegre,

Víctor^ responda el eco.

117.

Y al punto despertando, el corazón contento, Anarda le realice lo que le finja el sueño,

Ea, pues, niímen blando, al poder de sus versos en alas de la noche baja del alto cielo.

ODA 4?

A Fileno.

Solo, Fileno, solo el pastor de Dorila, de la escuela de amores sacó grande doctrina.

Apenas de sus ojos

se le fueron sus dichas,

fli8.

cuando lógico infiere por sus penas las mias.

Desata el triste pecho, y al son de una flautilla, cual pájaro que llama á su ausente avecita,

Entre los muchos ayes que de su alma salían, los montes repitieron estas clausulas mismas.

rEsta mañana al campo 5? salid mi bella ninfa, 9^á tiempo que pudiera 59 dar á la aurora envidia.

59 Ya la noche ha llegado, 59 y aun no viene Dorila..*^. 59 anda, Dorila, corre, 59 que muero sin tu vista.

59 Dioses, si esta es la pena, 59 que cruel me martiriza, 59 ¿cual será la que siente 59 Silvio por su Clorila?

^^Clorila ha muchos tiempos 99 que dejo estas campiñas ^ 99 donde Silvio la llama 99 llorando noche y dia....

99 Mas Dorila no viene:

99 dioses, traedme á Dorila: 99 y á Silvio también tráedle 99 su tan deseada ninfa.

99 Venid5 bellas muchachas^ muchachas tiernecitas^ 99 que no sufren los que amaa 99 ausencias tan prolijas.'*

Así que hubo cantado, alterno la voz mia: 99 viva el zagal Fileno 99 al lado de Dorila.

99 Y el numencillo tierno, 99 amor, que así le inspira, 9r>cele que no le paguen 99 ofensas por caricias

99 Antes bien, su graciosa 5^ y hom*ada pastorcita,

f20.,

59 de atrevidos amantes 09 siempre se burle altiva.''

ODA 5?

A una inconstancia.

Suspende, fuentesilla, tu ligera corriente, mientras que triste lloro mis ya perdidos bienes.

¿Cuantas veces, estando en tus orillas verdes, Lisi me aseguraba su amor hasta la muerte?

Aquí su diestra mano, mas blanca que la nieve, en esta arena frágil escribid muchas veces:

Primero ha de tornarle 99 el curso de esta fuente, 99 que el corazón de Lisi, 99 que á su Salicio quiere. "

Mas tus promesas, Lisi, no han sido menos Ie\^es que el papel que escogias para firmarlas siempre.

Las letras se borraron por los soplos mas tenues del viento, y tus promesas por lo que quisieres.

¡Ay contentos soñados de prometidos bienes! ¡ay inconstancia propia de fáciles mugeres.

S22.

ODA $?

A Lisi cantando.

Salid la hermosa Lisi con las demás zagalas á cantar dulcemente en la nupcial cabana.

Desata el suave pecho,

y al compás de sus gracias con angélicas voces á todas aventaja.

Su enamorado Alejo,

que está á corta distancia,

gustoso la dirige

las siguientes palabras:

5^ Así, divina Lisi, 5^ haces de tu garganta ^un órgano viviente w que cautiva las almas, "

ODA 7?

A Clorila^ con unas frutitas de pasta»

Estos pequeños dones

que la industria fabrica,

son frutitas pintadas , con que juegan las niñas. Por lo mismo á tus aras,

graciosa muchachita,

tu amante zagalejo

hoy te las sacrifica. Recíbelas gustosa,

que aunque engañan la vista,

son lisonja del gusto

con la miel que destilan. Llévalas á tu boca:

á tu boca de almibar,

donde su ser acaben

con no pequeña dicha.

«24^

Agua se me está haciendo la boca, mi Clorila, contemplando en la tuya las pintadas frutitas.

¡Qué besitos tan moles! ¡Qué blandas mordiditas! A la verdad, me siento (¥>ñ la mas dulce envidia.

¡Oh si fuesen mis labios * pintadas frutitas! trasformacion que pende de solas tus caricias.

¡Ay! hazme este milagro, que por tu boca misma juro traerte otra ofrenda de pintadas frutitas.

ODA 8?

A unos cabellos de Celia.

Lucientes hilos de oro,

que como hermosos rayos fuisteis en otro tiempo del sol en que me abraso.

Ahora por efecto

de amor atáis mis manos como blandas cadenas, d como dulces lazos.

Dejadme una y mil veces cual cautivo besaros, y adoraros rendido dichoso amante atado.

¡Oh! quiera el alto cielo que interminables años duren estas prisiones, en que alegre me hallo.

126.

¡Oh cortísima vida

para un amor tan largo! ¡ay! ámame, mi Celia, ámame, como te amo.

ODA 9?

En celebridad de unos días.

Este don pequeñuelo

que ofrezco a tus altares

es prueba de mi afecto

y de mis cortedades. Por ofrenda amorosa

solo puede aceptarse,

pues mas que el oro (i) aprecian

el amor las deidades.

C í ) Se alude í una bujería de oro, A.

t2f;

Recíbelo^ no tenga amor de que quejarse^ y el gusto de tu dia se le vuelva en pesares.

Entre tanto, los cielos con influjos suaves en el abril risueño que hoy junta tus edades,

Hagan luzcan tus prendas y gracias naturales, pimpollos que el invierno de la vejez no dañe:

¡Ay! guárdente los cielos: ¡ay! para te guarden; si acaso te merece tu mas rendido amante.

't«8.

ODA 10?

El día de Clara.

Dando vueltas los cielos, llego el dia De la zagala hermosa,

A quien de Clara el nombre convenia. ¡Oh mil veces dichosa La edad que la merece,

y que á sus blandas luces resplandece!

Salve, ninfa, y la tierra enternecida, Que con tus plantas huellas,

Mil guirnaldas te ofrezca agradecida, Para tus sienes bellas; Desparramando olores

A la que es como reina de las flores-

Salve, mil veces, y el alegre coro

De voladoras avésf Repitan con el canto mas sonoro

Mi amor y metros suaves;

Saludando á la aurora, En la que es por sus gracias mi señora.

Salve, vuelvo á decir, y á mi deseo

Corresponde constante En los amables lazos de himeneo.

¡Oh venturoso instante!

Llega, que tu alegría Me hará de Clara mas glorioso el día.

tSP-

ODA 12*

A Clori en el lecho*

, -<g:^í>.

Deja tu lecho, zagaleja mia, Tu dulce lecho do en quietud reposa El albo cuerpo como suave rosa^ Que embalsama la fértil pradería.

Ya que empiezan sus varias tonadillas

Las avecillas, Y embia el cielo Su luz al suelo, Tu lecho deja, zagaleja,

Por venir á coger tempranas flores Al Jado del ^gal, que es tus amores.

131.

Sus alas agradables manso el sueño Levante de tus párpados preciosos,

Y brillen tus ojuelos luminosos Como la luz del dia mas risueño.

Tu boca de claveles carmesies,

O de alelíes Bosteze, dando Aliento blando: Así la rosa Muy olorosa.

Abre su copa de encendida grana Al despertar con risa en la mañana.

Tu mano me darás, que la floresta Te aguarda ansiosa, desparciendo olores,

Y una turba de. pájaros cantores Ofrece a tu llegada alegre fiesta.

Saldrán del rio por besar tus huellas

Náyades bellas. Napeas hermosas.

t3».

*^- Tirando rosas Irán delante: Y en el instante

Que llegues al umbral del bosque denso Las Dríadas quemarán sagrado incienso.

Mas ¡ay, mi zagaleja! ¿por qué tardas? ¿Por qué tardas? ¡ay! dímelo. ¿No vienes? ¿Por qué causa enemiga te detienes? ¿Mi lado no te ofrezco? Pues ¿qué aguardas?

¡Ay zagaleja, como piedra, dura

A mi ternura! Ya desespero: Saco primero El sol su cara, Que me alumbrara,

Siquiera para alivio á mis enojos, La alegre luz de tus risueños ojos.

t3>

ODA 13?

EL VERANO.

¡Oh que alegre estación la del Verano, Que brinda flores por el verde llano!.

Se fué el invierno áspero y triste, sus galas viste el campo tierno:

Los mansos vientos soplan suaves, cantan las aves dulces acentos:

»34-

Las fuentecillas vienen corriendo salen riendo las florecillas.

¡Tierra dichosa! si á viniere Anarda, y viere tu pompa hermosa,

Pon en su frente ramo vistoso, el mas gracioso, y floreciente.

¡Oh si viniera al verde llano! dulce verano, la persuadiera A sentarse en la alfombra de estas flores Al lado del zagal, que es sus amores.

»35-

ODA 1 4?

EL ESTÍO.

De doradas espigas coronado El Estío se asoma en el sembrado.

Ya se preparan las labradoras, haces empuñan, 1^ mieses cortan.

De la alma Ceres que el campo adora tiran los bueyes grandes carrozas:

§36.

Alegre eanta la vega toda^ salve le dice, con voz sonora»

m

-Trojes se llenan eras se colman, y huyen las hambres de nuestras chozas.

Anarda, Anarda, bajo estas sombras á Pan le deja tus cabras gordas

Mientras que al baile vamos ahora de la cosecha: verás que gloria. Verás los ricos granos con que el cielo Ha socorrido al miserable suelo.

^37

ODA 15,

EL OTOÑO.

Mira, Anarda, al Otoño, que cargado De frutos viene á nuestro suelo amado*

Aquí, te sienta, zagala mia, úó alfombra te hacen las yerbecitas.

Mira, ya vienen

las gratas ninfas,

que de Pomona

el huerto aliñan. 10

¡Cuan aseadas j^c^ siíis canastiíla3 i "f colmadas traen , y^ dp frutas ricas!

Uvas ¡qué gruesas! peras ¡qué lindas! mira ¡qué hermosas . están las guindas!

¡Eli! ¡qué manzanas tan encendidas! y ¡qué naranjas tan amarillas!

Gustemos ambos sabrosas dichas, que en tantos dones el cielo envía: Y nuestra voz se eleve al niíraeñ í?anta^ Que en el Otoño nos regala tanto.

^39^

©DA I b .

EL INFIERNO.

Llega del año la estación severaj, Y de la tierra toda se apodera.

Nublado el cielo^ mudas las aves, ios hielos graves, y mustio el suelo:

Nuestro ganado de temor lleno, busca entre el heno su abrigo amado.

1 4o.

¡Que poco, Anarda, el gusto dura, pues la amargura tras él no tarda!

¿Do están las flores de primavera? ¿do la ligera edad de amores?

Nada resiste

la ley del tiempo, ni el contratiempo del hado triste.

¿Pues qué esperanza

ahora abrigamos,

por si llegamos

á tal mudanza? La virtud solamente, Anarda mia, Puede valemos en la vejez fria.

I4i.

LETRILLA*

A los amaritos de Liñ.

Pues la bella Lisi os lleva el compás, tiernos canarítos^ alegres cantad:

Cantad, y en su escuela os aprovechad: ¿donde habréis fortuna al intento igual?

Su albo pecho tiene voz angelical, que siempre divierte; y cansa jamás.

Ya un himno le diga al ciego rapaz, ya zelos, ya ausencia se ponga a cantar.

i42. Ya en modulo alegre

de fiesta nupcial, ya en fiínebre tono que incite á llorar^

Como quiera suena su voz celestial, que siempre divierte; y cansa jamás.

Cuando á la jaulilla do alegres estáis cautivos, se acerca, y lección os da,

Otros pajárillos quisieran trocar por prisión tan dulce toda libertad.

Y así, canarillos, alegres cantad, pues la bella Lisi os lleva el compás.

143*

LETRILLA.

A Lesbia.

Idj, vercillos dulces^ á las manos albas de la nifía Lesbia, que gustosa os llama.

Daros cS que quiere tonadillas blandas en órgano ebúrneo, tal es su garganta.

Cuando esto sucede entonces habladla: decidla que tenga compasión de mi alma.

¿Y si esto la irrita? ¡buena va la danza! ¿que importa que os eche muy enhoramala?

i44-

Si ella fuera prieta, coja, tuerta, d manca; pero si es bonita.... que no os pese: basta.

Tres juguetillos á Clorila.

JUGÜETÍLLO I?

Arroyuelo, que caminas á la aldea de Clorila:

Corre, corre, dila, dila, que la adora la alma mia.

Esté ahora en su orilla, tras sus I>1 ancas corderitas,

145- O cortando

clavellinas

con las otras^

pastorcitas,

O asomando sus mejillas en tus aguas cristalinas:

Corre, corre, dila, dila, que la adora la alma mia.

JUGUETILLO 2?

¡Ay Clorila! tus ojuelos son imanen de mi afecto:

Son estrellas de tu cielo.

146. que me envían

dulce fuego: Son antorchas

de amor tierno,

que se ceban

en mi pecho: Son divinos

tus ojuelos:

son imanes

de mi afecto. Si están tristes

son muy tiernos;

y si alegres

muy risueños: Si se enojan

son severos:

si acarician

halagüeños. Son graciosos:

son parleros:

son imanes

de mi afecto.

147-

JÜGÜETIJLI/O 3?

Mira, Clorí,

dos amantes

inocentes

tiernas aves: En la copa

de aquel sauce

mil cariños

ya se hacen. Con piquillos

muy suaves

ya se inclinan

á besarse. Mas ¡ay, Clori!

que esta imagen

á los ojos

agradable. El veneno

nos persuade

148- con instancias amigables.

¡Ay! huyamos de este valle, no su incendio nos alcance:

Y en nosotros sea culpable la inocencia de hs aves.

De esto, Clori, no se hable, que eres niña, y esto baste.

A Dios, Clori, que la tarde ya me obliga á . deiarte.

149-

CERTAMEN

SOBRE UN LIMÓN,

Para que eanteñ las niñas CELIA, Y LISL

CELIA.

Dame el limón que ha sido del dueño que amo, los olores son suyos, mas no los agrios.

No me lo niegues, pues los zelos conoces de las mugeres.

150.

I/ISI.

Alejo el zagal mió lo dio á mis aras, como holocausto tierno de toda su alma:

Y no se pueden enagenar las cosas del que se quiere.

CELIA.

El linion fué primero del bien que estimo, . y aunque el uso concedo, mas no el dominio:

Yo sola puedo

dominar en las cosas del bien que quiero.

151.

lilSI.

Toma el limón, y advierte

que es amarillo,

color que simboliza

fatal olvido: Cosas lio quiero

que olvidos me predigan

del dulce Alejo,

CELIA,

Dácalo, Lisi: y mira

como resalta .

entre amarillo de oro^

verde esperanza: ¡Oh, dulces prendas,

que de Fidelio dicen

tanta firmeza!

152.

LAS DOS.

Celia y Lisi tengamos de amor por triunfo: tií, el uso del derecho, yo, el uso-fructo: ^

Solo amor puede para contiendas tales darnos sus leyes.

Varios versos boleros. I.

No pases por los campos del amor, niña,

porque mas que las rosas

son las espinas: Espinas crueles,

que punzan en el alma

de quien bien <juiere.

153- 11.

Siento dentro del alma,

cuando te miro,

del niño mas travieso

saltos y brincos: Amor te tengo^

y aunque lo pongo en juicio

es muy . travieso.

IIL

ün Cupídillo tengo,

que te miro,

al instante me llora

por ir contigo: Su llanto enjuga,

y de tu blando pecho

hazle la cuna.

^/y^%^\.^^^

II

154- IV.

Dorados alfileres Celia me ha dado, y me afianza con ellos como con clavos:

Mi alma los sufre, como suaves arpones, d flechas dulces.

V.

Al ceñirte la frente

de flores varias,

los pájaros alegres

te saludaban: No de otra suerte

que al alba cuando asoma

por el oriente.

155- VI.

Alegranse los campos

cuando se asoma

al balcón del oriente

la blanca aurora: Así se alegran

mis ojos cuando asomas

tu cara bella.

A^>rf%.'V^i'W

VIL

Cuando el sol con su manto

la noche cubre,

lloran tristes los campos

sus bellas luces: Del mismo modo

lloro cuando se ausentan

tus bellos ojos.

VIIL ^

De un desden se quejaba

el amor tierno;

pero hallo en tus cariños

dulce remedio: ¡Divina mano

la de Celia! parece

que hace milagros.

^^V/V^V^VM

IX.

En el crisol ardiente de tus enojos, mi cariño se prueba cual suele el oro:

Propio es de amantes apreciar el cariño por los quilates.

'57-

Un amante que en sueños

tiene sus gozos,

diga qile lo mantienen

consuelos bobos: ¡Triste del dueño

que me sueña en sus brazos!

¡qué verde está eso!

fVX'W^í^

XL

Cuando creiome Celia

que yo la amaba,

tuvo la fantasía

muy inflamada: Como la novia

que sueña estar en cinta,

y no hay tal cosa.

158. XII.

Ciertos amantes rondan á una doncella: me parece una rosa llena de avejas:

Dentro de breve

la dejarán marchita, como hacen siempre*

XIII.

A Venus se ha escapado

su hermoso niño,

y de hallazgo tres besos

ha prometido: Aquí en mi pecho

lo hallarás, Venus: dame,

dame los besos.

'59- XIV.

Entre chanzas me tira

amor sus flechas:

si tales son sus chanzas

reniego de ellas. Aparta, aparta,

porque tus chanzas, niño,

son muy pesadas.

XV.

Dame flores que á Venus

se le dedican;

pero mira no tengan

ninguna espina. Milagro fuera,

cuando siempre han estado

de espinas llenas.

1 6o. XVI.

Cuando miro dos niñas

que se cortejan,

me parece que miro

farsa chinesca: Donde las sombras

hacen veces de amantes

unas con otras.

XVIL

El amor me halagaba como por trisca, me halagaba con florea llenas de espinas:

Y desde entonces,

herido de sus puntas^ ao quiero flores. ^

i6í. XVIIL

Enfermdsele a Venus de ético su hijo; pero mientras mas mama, mas llora el chico:

Venus entonces

le dice; mama, mi alma^ mama y no llores.

XIX.

Cierta niña rodeada

de mil cortejos,

es carne en garabato

segura de ellos: Donde, si acaso

la huelen, no la comen

los pobres gatos.

l62.

XX.

El amor disfrazada

en tierno niño,

pidióme que en mi pecho

le diera abrigo: Luego se torna

en una como llama

que me devora.

XXI.

Niña, tu flor esconde

de amor astuto,

mira que tras las flores

quiere los frutos: Y con el tiempo

ni estos le satisfacen,

que es mal contento.

163.

XXIL

Al amor ya no pintan

de ojos vendados,

carcax sobre los hombros,

flecha en las manos: Ahora lo pintan

ofreciendo á las damas

lazos y cintas.

XXIIL

La miiger me parece,

en ocasiones,

gato que en casa agena

busca ratones: Sin otra causa

que porque á nadie gusta

lo de su casa.

i64-

CUARTETAS^

Retrato de Celia,

Por milagro del amor

que á tu beldad me sujeta, Celia hermosa 5 ya de poeta me he transformado en pintón

Copiaré^ pues, tu belleza en cuanto esté de mi parte, consultando mas que al arte á la fiel naturaleza.

Lo apacible de la luna, cuando sus cóncavos llena, para tu frente serena es cosa muy oportuna*

Con risueños arreboles, y coa luz graciosa y clara,

165.

en el cielo de tu cara por ojos pinto dos soles.

Pongo en tus tiernas mejillas, de carmín tirio bafíadas, con azucenas mezcladas encendidas maravillas.

Tus labios como rubies

ya dibujo; aunque contemplo que hacen mas vivo el ejemplo los claveles carmesíes.

Tu cuello. mas la pintura

dejo aquí, por preguntarte ¿como, si puedo pintarte, no conozco tu hermosura?

Dame respuesta: y yo fiel en tan precioso diseño, ejerceré, dulce dueño, lo que le resta al pinceL

í66.

Continuación.

Sigo pintando tu hennosa imagen, divino dueño, por ser de tu gusto empeño de ocupación tan gloriosa.

Ya de tu cuello reclama al pincel tanta blancura, que ponga en él nieve pura, donde amor temple su llama.

El mismo amor, si reflejas, verás que cual otro Marte, arcos y flechas reparte entre pestañas y cejas.

Recta la nariz sutil

defiende á tus dulces ojos de no medidos arrojos, cual muralla de marfil.

Tus manos, cada una de ellas, para poder figurarla,

167. es necesario pintarla con cinco azucenas bellas.

Tu pecho lo he de pintar templo, en que los corazones ofrecen sus libaciones de amor en el sacro altar.

Lo que me falta prometo; esto es, la alma del retrato: la pintaré en otro rato que lo permita su objeto.

Ahora parece que no,

porque al dar honesto un beso á imagen tanta, confieso que no como me vid.

Conclusión.

A la imagen corporal, que retorico el pincel ha trasladado al papel, se sigue la espiritual.

i68. Con esta noble porción

tu retrato concluiré,

y de todo sacaré

motivos de adoración. De Sil infinito tesoro

pródiga naturaleza

dio gracias á tu belleza

esmaltadas de decoro. Memoria dio á tu beldad,

didla un claro entendimiento,

la dio un blando sentimiento . en su tierna voluntad. ¡Oh, cuan grande es tu hermosura

con tan inmenso caudal!

¡oh precioso original,

que ha copiado mi pintura! Bien, d mal concluido estás,

¡ó retrato! por espejo

ve á mi dueño, aunque reflejo

lo muy deforme que vas. Mas le lleva un dulce beso,

y otro, y otro, y ciento, y mil:

169.

|ay! no me culpes de vil por un amoroso esceso. ¿Te ofendo, mi dueño? ¿di?

¿te hago injuria? ¿te hago agravio? ¡ay! sacrilego mi labio me saca fuera de mí.

ít;^'^'>

ROMANCE.

Carta amorosa.

Regalado Naramío

tu carta recibí, á tiempo que en visita ayer estaba cierto bicho algo travieso.

Comuniquéle su asunto,

con todo lo mas secreto 12

170. de este triste coraiíonj do cual ídolo te tengo.

Y él, como á las musas trata, que en amorosos em}3eños son oráculos de aman Les, é intérpretes de cortejos.

Prometióme invocaría á todo el coro noveno, para responder tu carta en estos que él llama versos:

Conque en breve instante didmc la fortuna un gran sujeto, un secretario versista, 6 lo que llaman tercero.

Impuesto ya en el asunto, dice por mí, como el eco de mi voz, cuantas cosillas mi boca le fué diciendo;

¡Ay ausente Naramío!

¿qué importa, querido dueño, que el destino nos separe con mil mundos de por medio?

171.

¿Qué importa, si nuestras almas, con vínculo el mas estrecho unieron á par ^de amantes sus recíprocos afectos?

En vano el terrestre globo se opone al rayo febeo, pues en la luna miramos sus apacibles reflejos:

En vano pues se interpone la ausencia, cuando contemplo en mi memoria el retrato del sol hermoso que quiero;

y dulcemente inflamada

con mil gloriosos recuerdos, te estoy viendo Naramío, acá en lo mejor del pecho.

Acá, donde arde la llama

del casto amor que te tengo; sagrada llama que atiza la esperanza de himeneo.

Acá, pero Naramío,

¿qué dices, mi bien? ¿qué es esto?

172.

¿á donde me lleva, á donde me arrebata mi deseo?

Desde que el ciego destino me trajo por un desierto á esta ciudad de Celaya, que vo nombro mi destierro:

Desde que no me reclino en esos tus brazos tiernos: desde que no te hace un blando reclinatorio mi pecho:

Desde que tu voz no escucho, cual la . de grato instrumento animado al suave impulso de algún profesor maestro:

Desde que yo no te arrollo, cual á un albo pichonzuelo la candida palomilla, haciéndote mil est remos:

¡Ay! no como esplicarte las congojas que te ofrezco, los suspiros que te mando, las lágrimas que te vierto.

173-

¡Oh! asi paso el claro día, y cuando el nocturno velo cubre el orbe, y los mortales se dan al triste silencio,

Entonces crecen mis ansias, crece entonces mi tormento, lev'antando de mis ojos sus blandas alas el sueño.

Tal vez entonces te miro en un fantástico vuelo, haciéndome mil cariaos que te correspondo luego.

Tal vez que de olvidado vas en pos de otros luceros,

y que pero luego apago

las llamaradas del celo:

Que como yo no te olvido, por un imposible tengo que desprecies mis caricias por halagos de otro ducñ.o.

Se va la noche, y el alba me levanta de mi lecho,

174. dejando en él las reliquias de mi llanto, que es eterno.

Esta es mi vida, entretanto ausente estoy de mi cielo: ¡Qué distinta á la que tuve pendiente de tu albo cuello!

¡Oh gracioso Naramío! correspdndele su afecto

á tu Rosena infelice

¿qué mas? basta, que no hay tiempo.

A mas de que el secretario dice, que ya suena hueco el órgano de su musa, y podrá cascarse presto:

Pues pulsada cada instante la tecla de amor, primero le habian de faltar las flautas, que á las mugeres requiebros.

«75-

ROMANCE.

A los dias de un amizo^

Para celebrar los días

del amigo que mas quiero, préstame tu lira, Apolo, y díctame hermosos versos. Vamos^ comiénzame á dar una luz de tanto fuego; así de Daíii3 consigas de tus amores el premio. Qué ¿no lo haces? pues permit^t Júpiter que en el Panéo para tus sienes no halles ni siquiera un ramo seco. De esta suerte, amigo mio^ habí© coa el dio» de Delfoi^

17^. y al fin de todo, no valen ni maldiciones, ni ruegos.

Sin duda que no me hallo, para >el caso bien dispuesto: esto es.^ con la fantasia templada al uso del tiempo:

Que produjera mil flores, quemando vanos inciensos, y ofreciera en tus altares la lisonja y fingimiento.

Mas ¿qué importa, dulce amigo, el que Apolo me haga gestos?

¿sabes tii que yo te estimo? '.

pues á Dios, que todo está hecho.

177-

DESPEDIDA.

Me voy^ me aparto^ me ausentoi ya te lo dice mi llanto: te quedas^ lo siento: \ay cuantoi ]ay cuanto^ mi bien, lo sientol

GLOSA.

Me salgo fuera de mi al reflexionar llego el día en que el hado falW, que me apartase de tí:

Mas si lo dispuso así,

¿por qué resistirme in'ento? ¿no hay remedio? pues aliento, á Dios, á Dios, ahucí mia, que ya de tu compafíia me voy^ me aparto^ me ausento^

El amor en tal estrecho qué hacer confuso no sabe, y el dolor apenas calDe en los h'mites del pecho.

Ejemplo de males, hecho á los golpes del quebranto, siento el ausentarme tanto de tus luces refulgentes, cuanto en idiomas corrientes ^a te lo dice mi llanto.

Á Dios.... mas ¡ay! ¡qué tormento! de nuevo el miedo me asalta: me falta el valor, me falta para ausentanne el aliento.

CadaVer vivo me siento:

mas ¿qué mucho? no me espanto,

si dejo en gusto tanto,

tanto bien y tanta gloria,

que aunque vas en mi memoria,

te quedas: lo siento: ¡ay cuantol

179-

Pero til ¿que lloras? no eclipses astros tan bello», que no es justo paguen ellos lo que es fuerza sienta yo;

Mas si el amor nos unid con su propio ligamento, nuestro duro apartamiento es bien sientas por tu parte, que yo también el dejarte \ay cuanto^ mi bien^ lo sientol

1 8o.

BÍCIMA8.

/ Fila en el campo, ^i)

Oye, Filis, lo sonoro de melodiosas cadencias que en acordes competencias trina ya el volante coro:

Cada pájaro canoro

parece que está apostando,

y su piquillo variando

va con tan grato primor,

que un órgano volador

se está en el aire escuchando.

( I. ) Ki ^'-'e llegare á ieer qsías décimas, tendrá mucho de que reír; pero el viejo Góngora me las agradecerá. No es malo el cocsuclo. A.

i8i.

Mira tantos nacimientos

de arfoyuelos, cuya plata

zuzurraiido se desata

por esos valles sedientos: Con uniformes acentos,

y compases distribuidos,

van quedando suspendidos

de sus músicos rumores,

hasta que en cama de flores

se quedan como dormidos.

Mira la hermosa arboleda de verde pompa vestida, y como que nos convida á pasear por su alameda:

Alegre el ánimo queda respirando la frescura con que brinda la espesura de los árboles, que son, ya un toldo, ya un pabellón á tu divina hermosura.

l82.

Mira cuantos animales, en cuyas pintadas pieles se esmeraron los pinceles y dibujos naturales:

Tras de ellos van los zagales tañendo y cantando amores: así tienen por mejores su liberl:ad, su cabana, que aquel fausto que acompaña á las ciudades mayores.

Mira la selva vestida

de un verde que por los ojos se entra a quitar los enojos de la alma mas aflijida:

En ella la comalida oveja puede encontrar cuanto tenga que desear: la mesa para comer, el campo para correr, lecho para descansar.

183.

¡Dichoso yo, que á tu lado ando el campo y sus florestas en las mañanas y siestas libre de todo cuidado!

Ahora siéntate en el prado, á la orilla de esta fuente: aquí. Filis, mutuamente nos haremos mil amores, y con guirnaldas de flores nos ceñiremos la frente.

1 84-

r DÉCIMAS.

En la destriftcion de unos papeles amatorios.

¿De qué me sin-e, papeles, hijos de un bastardo amor, veros con tanto favor, si vosotros sois crueles?

Ingratos sois, sois infieles, heredando el ser tiranos; mas yo haré que vuestros vanos y falsos prometimientos sean en menudos fragmentos el despojo de mis manos.

i85-

Confieso fuisteis amigos en amorosos cuidados; mas ya del todo volteados sois tenaces enemigos:

De mi deshonra testigos, vergüenza me da teneros, pues mirándome severos, sin que el corazón resista, me hacéis gustar por la vista los acíbares mas fieros.

Asi, pues, os he de hacer pedazos, porque á mis ojos no sois mas que unos despojos de un ingrato proceder

Mas no esto solo ha de ser: aun mas tenéis que sufrir...» al fuego, al fuego habéis de ir, que pues fuego el ser os dio, fuego ha de ser, y no yo, el que os ha de consumir, 13

i86.

Ya ardéis, y al punto ¡que horror!

de vuestras llamas las lenguas

al padecer tantas menguas

dicen ser fuego de amor: Cuyo escaso resplandor

como un dia viene á ser,

con que yo consigo ver

mi oscuridad disipada ,

y que en breve instante es nada

el amor de una muger.

Ceniza os contemplo ya,

y aunque tan yerta y tan fria,

mañana, d en otro dia,

tal vez resucitará: Mas no, que el viento será

vuestra total destniccion...,.

en alas del aquilón

volad, pues, y que el os lleve

á cubriros con la nieve

de la mas cruda región.

187.

Y mientras de mi presencia su furor os arrebata, la memoria que os combata con golpes de la esperiencia:

Que aun en tan frágil potencia teneros no es permitido, y es remedio conocido para un amoroso daño, que lo lleve el desengaño al sepulcro del olvido.

1 88.

DÉCIMAS.

A una Señorita que cogió la mania de pedir versos al autor.

¿Versos quieres? un pie está: no tiene el segundo pero: ¡qué fluido salió el tercerol cata una cuarteta ya.

Este es el quinto: alia va brincando el sesto: ¿qué tal? no salid el séptimo mal: este es el octavo: ahora sobre el nono vé, señora, una décima cabal.

189.

¿Quieres otra mejor que esta?

¿y de qué saldrá mejor?

¿quiéresla, mi bien, de amort

sin no se hará la fiesta. ¿De zelosl pero me cuesta

muy caro este mal por tí.

Vaya de ausencia ¡ay de mí!

que me tantos enojos,

porque no miro tus ojos:

cata otra décima aquí.

Vaya de amor^ porque toda

el alma sacrifica,

cuando entre chanzas te esplica

que entre veras me acomoda. Desde luego que la boda

no permitirá tardanzas,

si á las dulces esperanzas

<

propicia correspondieras,

haciéndose amor de veras

el amor que anda con chanzas.

1 90.

En fin, cuando el verso acabo, hallo por modos diversos, que es muy facíl hacer versos de estos, de que no me alabo.

De ser tu amoroso esclavo sin duda me alabaría: y creo te parecería, si no me engaño, mejor el acento de mi amor, que la voz de mi Talía,

DÉCIMAS.

A mi corazón.

Corazón, corazón, di

¿qué sientes, di, corazón, que con recia pulsación '^alirte quieres de mí?

Mas ya la causa advertí, y creo no ser desacierto, porque quedando yo yerto de una pena tan tirana, tií por irte con Rosana salir quieres vivo ó muerto.

Razón tienes, corazou,

que supuesto ella es tu dueño, procuras el desempeño de tu dulce obligación:

Ve pues, dile la ocasión

tan penosa en que me ves, y te encargo que después á sus pies sirvas de peana, porque es justo qnc Rosana tal peana tenga á sus pies.

i9«.

DÉCIMA.

A Lisi por el fuego que le salió á la boca.

Ese fuego es prueba clara, que ya de tu amor tenemos, ¡ay Lisi! y por lo que vemos siempre el mal sale á la cara:

Y cuando á todos declara de tu interior la pasión, se convence la razón, con atención á que vale decir, que á los lábics sale lo que está en el corazón.

DÉCIMA. (l)

A unos ojos.

Cuando mis ojos miraron de tu cielo los dos soles, vieron tales arreboles que sin vista se quedaron:

Mas por ciegos no dejaron de seguir por sus destellos, por lo que duélete de ellos, que aunque te causen enojos, son girasoles mis ojos de tus ojos soles bellos.

( I. ) Esta produccloncllla fué el primer gorgco de mi musa. A.

194-

péciMA»

En una ausencia^

Las lífgrímas que encerráis ¿para cuando, ojos, queréis? Si á vuestra Filis no veis, ojos, ¿por qué no lloráis?

Mas ya el descargo me dais formando copiosos ríos: lloradj pues, tantos desvios, llorad ausencias fatales, llorad, llorad tantos males, llorad, llorad, ojos míos.

195- *

DÉCIMAS»

El amor Carmelita.

Empeñado en la hermosura

de Nise, el amor un día

su retrato disponía

en retorica pintura. Mudar quiso de figura

para la vez de pintor,

y por singular favor

con su madre solicita

lo transforme en Carmelita.

¡Qué lindo que está el amor!

¿Conque á mas de niño, loco? pues si se viera á un espejo, sin tener trazas de viejo él mismo se hiciera el Coco:

J96.

Cuando su capricho toco, en discursos me desvelo, preguntando al diosezuelo ¿que hado siniestro le apura, á que pinte la hermosura vistiéndose de Carmelo?

Pues qué, ¿el pintar con esmero una belleza sin par, es lo mismo que jugar á las damas del tablero?

O ¿qué piensa el dios certero, que esa tu cara divina, miniatura peregrina de raros modos y nuevos, es arroz, pescado, huevos, otro embrodio de cocina?

Nada vale. Se presenta el amor en su aparato. ¡Qué lindo salió el retrato! de su original^ afreqta.

^97*

¿Y así Nise está contenta?.... Esto es lo que mas me irrita. Por tu cara tan bonita, Nise, ruégale al amor, que cuando haga de pintor no se meta á Carmelita.

QUINTILLAS.

Duda amorosa.

Si por una cosa rara dos corazones tuviera, en uno Filis entrara, en otro á Ddris pusiera, y así á las dos contentara.

Pero si uno solo tengo no podré darlo á ninguna, porque luego me detengo en que si lo doy á la una, al rigor de la otra vengo.

Darlo á las dos es buscar, si se examina despacio, guerra en que siempre han de estar; porque en un solo palacio

. dos no pueden gobernar.

Que hacer en tal confusión no alcanzo; mas si supieraj que no habia de haber cuestión, sin duda á cada una diera la mitad del corazón.

Así una vez discurria:

y amor que en mi pecho estaba, en lo interior me decía: que si á dos darlo pensaba, á ninguna lo daría.

Que es ley la mas oportuna; aunque de ua tan ciego dios,

Í99- que se quiera á sola una;

porque aquel que quiere á dos

no quiere bien á ninguna.

Luego el corazón le di

á Ddris; y mal pagado,

al punto me arrepentí,

de que no le hubiera dado

á Filis; ¡Triste de mí!

ENDECHAS REALES.

A un canarito de Celia*

¡Ay, pobre canarito^ Que con flébiles ayes Llamas al dulce dueño Que te llevo la muerte inexorable!

¡Ay triste, y como llenas De suspiros los aires Que volverte no pueden A nueva vida la consorte amante!

200.

jAy! como representan Tus lúgubres cantares El amor que perdiste, Amor difunto que en la nada yace.

Suspende de tus quejas Los fúnebres compaces, Con que á llanto provocas Al coro alegre de las dulces aves.

Parece que refieren Los sabrosos instantes Que en el mullido lecho Son premio dulce de desvelo amante.

Procura ¡ay! sí, procura De tu dueño olvidarte, Y sea total remedia Para tanto dolor un nuevo enlace.

Ya de la hermosa Celia, Movida á tus pesares La ternura, se empeña Para que en otro amor alegre cantes.

!JOI.

Págale sus oficios. Sus oficios tan grandes De ternura, con quiebros Que trinas á la aurora cuando sale#

¡Que bella pajarita Te presenta! ¡Qué talle! ¡Qué ebúrneo su piquillo! ¡Qué pintado, y qué muelle su plumage!

Llévala al dulce nido. Que puedo asegurarte Que todos serán gustos, Pues de los muertos no hace aprecio nadie.

a

202.

DOS TRADUCCIONES

DE UNOS VERSOS DE GALO.

PRIMERA.

Lidia bella, muchachita blanca Mas que leche y que candido lirio; Mas que rosa, que es alba entre rubia^

Y que indianos marfiles bruñidos. Muchachita, desata, desata

El trenzado de esos cabellitos Para ver en tus candidos hombros Hilos de oro luciente esparcidos. Sus estrellas me muestren tus ojos,

Y sus cejas en forma de arquiíos;

Y también tus mejillas me muestra, Que se bañan con grana de Tiro.

203- . Llega acá con tus labios corales, ! Y me da cual paloma besitos: Una parte de mi alma te llevas: Hasta el pecho tu boca he sentido.

¿Por qué agotas sangre que aun corre?

Tapa, tapa tu blanco pechito:

Ese pecho, muchachita, cubre, f

Que se enyema del néctar ungido.

Cinamomo se esparce en tu seno: El placer se suscita contigo: Tapa, tapa tu pecho amoroso Que me tiene dulcemente herido.

Qué ¿no ves cuando enfermo me quejo Mis amores? cruel eres conmigo. Muchachita, qué ¿así me abandonas .^ Casi muerto, y á tus pies rendido?

%^

::o4.

SEGüNDAt

•^CD'^

Lidia hermosa,' mas alha que la leche y que el lirio, líias que la rosa que une lo blanco y lo encendido.

Mas que el iríarñl que aprecian los orieniales indios, y que por diestra mano resplandece bruñido.

Esparce, niña, esparce tus rubios cabellitos, y que en tus hombros vaguen como dorados hilos.

Denme luz las estrellas de tus ojos divinos, y de tus cejas negras me muestra los arquitos.

205.

Tus mejillas rosadas,

que en purpura de Tiro recibieron lo rojo, déjame ver, te pido.

Llega acá coa tus labios, tus labios coralinos, y dame cual paloma muy sabrosos besitos.

Una parte de mi alma te llevas; y percibo al tiempo xfue me besas, el corazón herido.

¿Por (¡ué, por qué me dejas de este modo^ bien mió? Ese pccliito esconde de néctar comprimido.

En tu seno conducejj , cinamomo esparcido, y manan de* onde quiera los placeres contigo.

Esconde, niña, esconde,^,-^ tu nevado, pechito,

806.

porqué todo me quemo con cuanto en este miro. Qué ¿no ves lo que paso? tirana eres conmigo. ¿Casi muerto me dejas, cuando por suspiro?

EPIGRAMA

Del Amor arando.

Traducido del idioma griego al latino^ y di

[este al castellano.

El rapaz cujiidillo

dejando el arco de oro,

pone oportunamente

la alforja sobre el hombro*

207.

Arroja la hacha ardiente, coge el callado corvo, y unce los mansos bueyes bajo del yugo tosco.

Con mala íe a la tierra da la semilla, y pronto dijo, alzando la vista al estrellado polo:

Haz, d Júpiter sumo, este campo abundoso; si no liare que bajando de tu luciente trono,

Lleves el yugo infame, (otra vez como toro) de Europa, que sin duda es yugo el mas gravoso.

205.

PARÁFRASIS

Del mismo Epigrama.

De los candidos hombros abajaba El dorado carcax amor un dia,

Y en su lugar ponia

La alforja que á proposito llevaba. Ygualmente arrojaba La abrasadora tea

Y el grosero cayado apercibia.

Y á los uncidos bueyes dilijente Para que abran el sulco aguijonea: Ya esparce la semilla conveniente En el fecuiido. preparado suelo,

Y dice: (levantando al claro. cielo Sus ojos) haz, ¡d Júpiter! que vea Jja siembra acrecentarse en mi decoro;

200.

: Si no quieres que sea Tu deidad convertida en manso toro: Y te veas obligado Por quien otra ocasión hacerlo pudo, A llevar aquel yugo tan pesado De Europa, con infamia de cornudo»

^^' ^Sí^&i

A Clori con una calandrita.

Clori, Clori, restaure mi aliento De tus ojos la dulce alegria, Tu presencia mas suave que la alba ¡Ay, zagala! me nueva vida.

Humedece con lágrimas tiernas El cadáver de esta calandrita

210.

Que del nido materno robaba Para traer á tus aras divinas.

A tu influjo esperaba creciera. Descubriendo la pluma amarilla, Que con negra formara un ropage Mas galán que la tela mas rica,

Pareciame escuchar los gorgeos. Que á tu voz hechicera aprendía, Cuando jaula de mimbres delgados Defendiera de aleones su vida.

Pero en medio de imágenes gratas, Empujando con alas blanditas De mi mano se sale, y se sube De un arbustos en las verdes ramillas.

Fiero can, que la sigue, la coje; De sus fauces mis ansias la quitan, ¿Pero como, mi Clori? exhalando Mi esperanza halagüeña en su vida.

Los zagales al son de sus flautas Su tragedia cantando, repitan: Avecillas que libres se pierden, Es mejor que se logrea cautivas.

A Clori eotí unos pichoncitos.

A estos dos ipichoncítos que en dulce Y amoroso concurso tuvieron Dos amantes fecundas palomas Nuestra choza destinan los cielos. A la escuela de amores felices Defenderse podía que vinieron, Si los dos con empeño tomamos Su enseñanza en los dulces estremos.

Aprended, palomillos dichosos, Las lecciones que dicta el afecto: Ved en Clori inocentes halagos, Y en su Silvio cariños honestos.

¡Ay! no quiera la diosa de Chipre Que su carro tiréis con el tiempo,

2If.

Que aunque sois de tan candidas plumas Quedareis maculados muy presto.

¡Cuanto^ Clori, cuanto nos amamos! Pues atados con vínculo estrech^o^ Me parece que vienen las av^es A tomar de nosotros ejemplo.

Alegraos, alegraos, pasíorcillas, Y tocad los festivos panderos, Mientras cantan alegres las aves Al amor, que nos hace maestros..

Cloriy y Silvio comiendo duraznos..

Mientras pacen las blancas corderas Verde grama y tomillo oloroso, Comeremos, zagala^ estos frutos A la sombra que ofrecen los olmos*

¡Que durazno! parece que muerdo.. •/•

Un carrillo del dueño que adoro

De mi Cíori.... de tí, por quien vivo Encantado en los valles y sotos.

Dame ese que ya has comenzado..... Toma este.... ¿cual es mas sabroso? El que' tiene, mi Clori, el almibar Que destilan tus claveles rojos. . Bendigamos al numen que manda La estación del fructífero otoño, Y los' gustos cantemos del campo, Que no tienen los poblados todos.

ROMANCE ENDECx'lSíLABO.

A los ojos de Clori.

Grabiosas luces de la Clori mia, Estrellas claras de esplendores tiernoSj Albas risueñas, soles agraciados. Ojos divinos que me veis serenos:

214.

Como las montes se estremecen cuanda Rayos fulminan los airados cielos. Así mi pecho, que se siente herido Sin causa alguna, del enojo vuestro.

¿Hasta cuando esas niñas cariñosas No me vuelven á ver como riendo? Tomad al gusto con que me mirabais, Risueñas niñas, en alegres tiempos.

Miradas dulces sobre el triste Silvio Benignos esparcid, habladme tiernos, Habladme tiernos, como siempre fuisteis: Volved á vuestro amor, ojos parleros.

Tiernos, y alegres, y blandos, y dulces, Divinos ojos de amoroso fuego. Convertid vuestras iras formidables En calma cel^tial, ojos serenos.

Así los dioses a mañana y tarde Lücir os hagan en lugar de Venus, Y así hs misas os compongan himnes Que cante Silvio vuestro zagalejo.

315.

ROMANCE ENDECASÍLABO.

En la muerte de un Lorito.

Psittacus Eois immitatrix oles ab Indis^ Occidit. Exequias ite frequenter^ aves.

Ite^ piae vólucres'^ et plangite pectora pennis\ Et rígido teñeras ungue nótate genas.

Hórrida pro moestis lanietur pluma capilüs: Pro longá résonent carmina vestra tuba.

OVID. LIB. 2? AIVIOR. ELEG. 6?

La muerte de un gracioso pajarillo- Llortí CATULO con dulzura tanta Como que era el que hacia las delicias Y el recreo todo de su Lesbia amada.

Recuerda con ternura y sentimiento Sus gracias todas que eficaz retrata,

£l6.

Y aquellos movimientos inocentes

Con que á sn hermosa Lesbia tanto agrada. De su hechicero seno á un lado y otro El tierno animalito se volaba. Cuidando siempre de volv^er gozoso

Y nunca tarde a su envidiable estancia. Lloro también el dulce y suave ovidío

De un perico la muerte desdichada, Manso, hermoso, locuaz y lleno todo De encantadoras y sublimes gracias.

El fué de una inocente tortolilla Anáigo íieL, sin que jamas notara Ninguno en ellos la mas leve riña; Cosa en sus semejantes bien entraña. .

El fué parco y frugal, pues solamente Vivid de comer nueces y 'alguna agua: Tan amoroso y tierno, que hasía,.de.esío. Si le hablaban de amores, se olvidaba.

El en fia mereció y logro la dicha De agradar á Corina, y su palabra Ultima fué un funesto y triste vale Con que su alma sensible le tiaspasa. ^

217. ¿De qué te sirvió cliine, esclama Ovidio, La fe á tu tortolilla tan guardada? ¿De qué tu hermosa variedad de plumas,

Y la dulzura de tu graciosa habla? ¿Qué te aprovecha el don inestimable

De agradar á Corina? ¡oh suerte infausta! ¡Ay! yaces infeliz^ funesta gloria

De cuantos pueblan las regiones aéreas

Asi sigue, señora, lamentando El genio dulce la fatal desgracia,

Y así de vuestro amado periquito Quisiera cantar yo, y os agradara.

Pero tan incapaz me reconozco De esto, que solo quiere mi ignorancia Remedar la esprcsion y los acentos De la lira mejor de las romanas.

Venid piadosas, tiernas avecillas, A llorar sobre la urna desdichada Del mas gracioso loro que ser pudo Despojo triste de la horrible parca.

Romped vuestro plumaje hermoso y ricot Herios los pechos, azotad las alas, 15

/

2l8,

Y Óiganse vuestras quejas y lamentos En la región que esté mas apartada.

Llorad zenzontles, y canarios suaves, Tórtolas. gorrioaciíloSj y calandrias, Llorad la muerte del perico amable Que se ha robado Láchesis avara.

¿Tanto importaba, muerte, á vuestros triunfos Esta avecita que Joaquina amaba? ¿TNo tienes allá tantos que publiquen Tu gran poder y fuerza ilimitada?

¿El rico Creso, el elocuente Tulio, El valiente Scipion, mi hermosa Clara, No te dan todavía bastante gloria? ?Aun no demuestran tu fiereza y saña?

Pues ¿por qué á esa ave amable é inocente Haz hecho triste objeto de tu rabia? ¿Quisiste acaso castigar su dueño Por la ternura fiel con que la amaba?

Pero sea lo que fuere, ya no existe,

Y dentro de muy breve será nada: Gravemos pues por ultimo en su losa

Lo que Ovidio hm eu h del otíOj y ba,sta,

219-. EPITAFIO.

Desde este triste leteo

que es propia imagen del suefíOj agradarán á mi dueño mis canciones y gorgeo:

Supuesto , pues, que aun poseo aquella dulce armonía y admirable melodía del ave mas docta en canto, y así convierta su llanto en la mayor alegría.

LA MAÑANA.

Ya se asoma la candida mañana Con su rostro apacible: el horizonte Se baña de una luz resplandeciente, Que hace brillar h cara de los cielo3#

220.

Huyen como azoradas las tinieblas A la parte contraria. Nuestro globo. Que estaba al parecer como suspenso Por la pesada mano de la noche, Sobre sus firmes ejes me parece Que le siento rodar. En un instante Se derrama el placer por todo el m.undo.

¡Agradable espectáculo! ¿Qué pecho No se siente agitado, si contempla La milagrosa luz dei almo día? Ya comienza á volar el aire fresco,

Y á sus vitales soplos se restauran Todos los seres que hermosean la tierra. El ámbar de las flores ya se exhala

Y suaviza la atmosfera: las plantas Reviven todas en el verde valle Con el jugo sutil que les discurre Por sus secretas delicadas venas. Alegre la feraz naturaleza

Se levanta risueña v ao;radable: Parece cuando empieza su ejercicio, Que una mano invisible la despierta.

2 21.

Retumban los collados con las voces De las cantoras inocentes aves: Susurran las frondosas arboledas,

Y el arroyuelo brinca, y mueve un ronco Pero alegre murmullo entre las piedras. ¡Qué horas tan saludables en el campo Son estas de la luz madrugadora,

Que los lánguidos miembros vigorizan,

Y que malogran en mullidos lechos Los pálidos y entecos ciudadanos! Todo escita en el alma un placer vivo, Que con secreto impulso la levanta

A grandes y sublimes pensamientos. Todo lleva el carácter estampado De su hacedor eterno. Allá á su modo Parecen alabar todos los entes La mano liberal que los produce. Todo se pone en pronto movimiento: Cada cual de los simples habitantes Comienza su ejercicio con el dia. Tras su manada de corderas blancas Leda la pastorcilla se entretiene,

222.

Tejiendo una guirnalda, que matiza De varias flores para su alba frente. El baquero gobierna su ganado. Que se dilata en el hermoso ejido. El labrador robusto se dispone Para el cultivo del terreno fértil. Vóime al sembrado que la providencia Con su invisible diestra me señala: Sufriré el sol ardiente; pero alegre Con los frutos sazones y abundantes Que los sulcos me dan que beneficio* Apagado el bochorno de la tarde. Me volveré á mi choza apetecible, Morada de la paz y de los gustos, Donde mi esposa dulce ya me espera Con sus brazos abiertos: mis hijitos, Después de recibirme con mil fiestas^ Penderán de mi cuello: ciertamente Que vendré á ser entonces como el árbol De que cuelgan racimos los mas dulces. ¿Y he de trocar entonces mi cabana. Aunque estrecha y humilde, por el gifandé

223.

Y soberbio palacio, donde brilla sComo el sol en su esfera im señor rico, Pisando alfombras con relieves de oro? Nada menos. Tampoco este instrumento, Este instrumento rustico y grosero. Bienhechor, que me da lo necesario En todas las urgencias de mi vida. Por el cetro brillante que un monarca Empuña con su diesira poderosa. No cabe el gozo dentro de mi pecho; Ni de alabar me canso en la mañana Al padre universal de las criaturas. Que miro en e:va luz madrugadora. Sin dejarlo de ver en las restantes Producciones tan gnindcs de su seno. ¡Oh cuantas! ¡cuales son! ¡y qué admirables! Pero ninguna como el alba hermosa, Que parece que á todos les da vida, Embiándolcs la luz de su semblante. ¡Oh, risa de los cielos, y alcgria De estos campos felices! Precursora De los rayos del soK yo te saludo.

2S4.

Las frescas sombras, las campiñas verdes, Las fuentes claras, los favonios blandos, Las aves dulces, y las flores tiernas, Te saludan también allá á su modo. Su faz hermosa la naturaleza Sacar parece del sepulcro ahora: Todos sus entes cobran nueva vida A tu presencia dulce y agradable. Corren las fieras á sus cuevas hondas, Brincan las cabras, los corderos balan, Llaman las bacas á sus becerrillos. Mugen los toros, y responde el eco, Que sale de los montes retumbando. Los pastorcillos, y las zagalejas, Sonoros himnos canten al eterno Autor que baña tu semblante hermoso De tan alegre luz por la mañana.

225-

SUEÑO ALEGÓRICO.

CANTO EN OCTAVAS,

Cuando dormimos pasamos á un nuevo mundo que algunas veces (siendo todo ideal^ y una simple representación del que habita-- mos) nos ofrece nuevas ocasiones de reflexio- nar sólidamente nuestra alnia^ que siempre

está en ejercicio. Caracciolo en el Goza.

I. Ya que la fuerza de mi edad lozana Con treinta años de peso se rendía, Hallábame en la corte Mexicana Enfermo de mortal hipocondría: Entonces una noche mas temprana, Y mas triste que nunca, parecia Arrojarme del sueño á los umbrales, » Porque viera un enigma de mis males.

12 6.

fi. Entróme en unos huertos deliciosos^ A quienes Priapo ve con blando ceño, FrescoSj alegres, verdes, olorosos, Y ultima prueba de su autor el sueño: De sus bosques espesos, pero hermosos, Al paso me salieron, ¡dulce empeño! Dos Ninfas que me ponen en sus brazos. Cual incauta avecilla en muchos lazos.

m. Portaba un canastillo la primera De frutos los mas gratos y sazones: Brindóme de ellos para que comiera Con estilo que vence corazones: ¿Quien habrá que resista á una hechicera- Tan dulce en sus políticas funciones? Brindóme ¡ay cielos! y á la nueva instancia. De sus frutos comí con abundancia.

IV. De rubio néctar una copa bella La segunda á los labios me llegaba; Mas el influjo de benigna estrella Su poder y mi ruina me anunciaba:

227*

Temeroso resístome; pero ella Como toda razón atropellaba, Diome vino á beber, que sin disputdí De mi vergüenza fué letal cicuta.

V. Cuando por una verde celosía Asomase otra Ninfa á mis recreos, Que con el fuego que en su rostro ardia Abrasa la región de los deseos:

Sale: dame la mano ¡suerte mia!

Este fué el mayor de mis trofeos. Pues la esplique mi amor, y en el instante Se asomd la sonrisa en su semblante.

VI. Arroyos de cristales derretidos^ Y cantares de dulces ruiseñores Suavemente embargaban los sentidos En lecho blando de mullidas flores: Los tiempos lamenta'banse perdidos, Cuando á estorbar de Venus los amores Aparécese un viejo, y dando un grito, Llena de espanto tQdo aquel distrito.

228.

VII. Huyen las Circes, como del sembrado Se levantan las aves al estruendo De la piedra que la honda ha disparado: El risueño pensil vuélvese horrendo:

Ya el anciano su brazo ha levantado

Dame un golpe^ y del éxtasi volviendo Mis vicios lloro; pero luego canto Lleno de gusto el desengaño santo.

IDILIO.

La Zagala en el bosque.

Frondoso bosque, cuya fresca sombra Mis perdidos alientos restauraba, Cuando de tierna grama en verde alfombra Un pérfido pastor me acariciaba, Todo el tiempo lo acaba..,.

229.

¡Ay, Silvio, Silvio, Silvio, ingrato dueño! Puesto que ya sacudo el fatal sueño De prolongados años Que entretuve el amor en tus engaños, Es fuerza que despierte,

Y que vea en adelante de otra suerte. De este modo una bella zagaleja,

Cuando de Silvio cruel triste se queja, Del alma abre los ojos,

Y alivia los enojos

De un amor ofendido; concluyendo

Con aquestos renglones

Que en el tronco de un árbol va escribiendo

Para alivio de incautos corazones.

Zagala, tu amor conten, Si lo quiere algún zagal, Pues si Silvio pagd mal ¿Quien habrá que pague bien?

ÉGLOGAS.

ADVERTENCIA

DEL EDITOR.

Compuso el autor las dos siguiente» ¿GZOGAS siendo muy joven^ cuando por lo mismo aun no podia poseer todos aquellos co" cocimientos que se requieren en este ramo de la poesia: Asi lo espresó en un cuader* no escrito de su puño^ donde dice: que na las estraia de ese lugar, porque no escribía para el publico; sino para los amigos pri- vados. Sepa también el lector^ que la forma* don de ellas fué obra de poquísimo tiempo^

232.

ÉGLOGA PRIMERA.

EL AMANTE MAS FIEL

DE LOS PASTORES.

DEDICATORIA.

A ti, con quien mi amor en algún dia De mi albogue al compás triste cantaba, Y tu voz sus cadencias alternaba, Cual eco que mis ayes repetia:

A tí, que de mis penas la porfía Por la estrecha amistad que nos ligaba, De suerte el corazón te traspasaba. Que la llorabas tuya, siendo mia:

A tí, Berardo, á justo es resuelva Dedicar este afán, corto servicio, Porque así á respirar contigo vuelva;

Acepta, pues, de amor el sacrificio En versos que las ninfas de la selva Escucharon de Mopso y de Fenicio.

233-

ÉGLOGA.

POETA, MOPSO, FENICIO.

POETA.

Ya las nocturnas aves Del monte horrorizaban la espesura Con sus lamentos graves, Y el negro velo de la noche oscura Bajando de la lóbrega montaña Se estendia á la rustica cabana: Cuando Fenicio herido I Del acerbo dotor que le atormenta, I Del mal entretejido Alvergue pastoral triste se ausenta, Para dar sin medida á su quebranto El infeliz consuelo de su llanto. i6

234. Un cayado grosero Sli débil contestiira susteirtaba, Ei rostro lastimero Sobre el cansado pecho reclinaba,

Y acia al suelo doblando su estatura. Un espectáculo era de ternura.

En traza tan penosa Poco á poco los pasos dirijia A la montaña umbrosa,

Y en llegando á su espesa serranía^

De esta suerte, sentándose en un tronco^. Desato su voz el eco ronco.

í'ENicro.

¡Oh noche, á mi tristeza acomodada! ' ¡Asilo de mi grande sentimiento! A tu silencio solo revelada La causa puede ser de mi tormento: Diga pues mi dolor la voz cansada, y salga de este pecho el mal que siento:

235- Siendo testigos las montañas rudas. Las peñas sordas, y las selvas mudas.

Que aunque siempre, serán quejas en vano. Pues mi mal ¡ay de mí! no tiene cura; No qué de consuelo el pecho humano Siente con espresar lo que le apura: Hable pues de mi dueño que tirano Mi pena, mi dolor, mi mal procura: De Ddris, sí, de Ddris tanta mengua Que siente el corazón diga la lengua.

¿Que motivo ¡ay dolor! ingrata fiera. Pudo dar ocasión á tal desvio, Que ofendiendo mi amor y í'ó sincera Sujetas á otro amante tu alvedrio? ¿Por ventura no soy el que antes era? ¿Pues como ya te enfada el amor mió? ¿Como así con tan súbita mudanza Muere tu amor, acaba mi esperanza? .

¿A donde está el amor y la pura Que en aras de tu pecho me juraste? ¿A donde retiraste mi ventura, Y de tan cruelmente la apartaste?

236.

¿A donde mi regalo y mi dulzura, Y en ellos mi alma y vida te llevaste? ¿A donde? ¿á donde, di, Doris, á donde Tanto bien ¡ay de mí! lu mal me esconde?

¿Conque llego por fin tu atrevimiento, Sin alma, sin razón, sin fe, sin juicio^ A quebrantar el mutuo juramento Con que al amor hicimos sacrificio? Mas que fiera con tal procedimiento Te acreditas ¡ay Ddris! con Fenicio: Mas que fiera.... sí, Doris ¿quien creyera?

¡Ay Ddris, Ddris Ddris mas que fiera!

¡Qué traición! ¡qué rigor! ¡qué alevosía. Ofendiendo mi amor, es la que has hecho! Pues cuando el daño menos precavía, Porque estaba, aunque mal, muy satisfechoj Le robaste el contento á la alma mia, Dándole a otro pastor tu fácil pecho: Mas allá de la negra infamia toca Lo alevoso de tu hecho, y acción loca. ¿Quien creyera que ingrata me pagaras Con tanta falsedadj tanta vileza.

237. Los tiernos holocaustos que á tus aras Ofrecía cuotidianos mi fineza? Oa tu culpa á conocer llegaras! Quizá mirando entonces tu bajeza, Por no manifestar perdido el juicio. Amaras como de antes á Fenicio.

Mas si apartado estoy de tu memoria^

Y por otro llegaste á mal quererme, ¿Cuando podré gozar mi antigua gloria? ¿Cuando podré en tus ojos complacerme? ¿Cuando podré de amor cantar victoria? ¿Cuando en tus dulces brazos podré verme? ¿Cuando podré?... ¡ay de mí! no tienen cuando Los regalos de amor que estoy llorando.

¡Ay! que de rabia y colera rebiento, Mirándome por otro desdeñado: El corazón del fiero sentimiento Parte á parte lo tengo traspasado: Desmáyase el valor y el sufrimiento:

Y del remedio ya desesperado, Para aplacar un tanto mis enojos. Lloran hasta cegar mis tristes ojos.

238.

POETA.

^ Aquí quedóse mudo.

Porque el dolor el pecho le oprimía:

Y cuando ya no pudo

Con la lengua esplicarse, se valia De los 0J0S5 que son mas elocuentes En idiomas de lágrimas corrientes.

Del tiempo la balanza Ya con iguales horas se movia,

Y sin tener mudanza

En sus lágrimas tristes, parecia Que para dar alivio á sus enojos El alma liquidaba por los ojos.

Cuando á breves instantes, Como el cielo de nubes revistiese Sus antorchas flamantes,

Y sus faldas el monte estremeciese De loé horrendos truenos al amago. Esperando en sus troncos el estrago:

239. Como enojado el viento Corriese por la sierra^ despojando De su hojoso ornamento. A las plantas con que iba tropezando:

Y quédase aquel sitio de tal modo. Que infundiendo pavof estaba todo:

Enjugando su llanto, Á la rotura de una bruta peña Retiróse entretanto El cíelo daba de sereno scña^ Que ya^ según lo mucho que llovía^ En agua al parecer se deshacía.

Con quietud procuraba Mitigar por entonces sus cougojaS;,

Y la noche pasaba

En el lecho fetal de ásperas hojas^ Dando alivio á sus ojos entre tanto Que volvía de nuevo al . triste llanto.

En fin, ya el claro día Daba para llegar pasos violentos,

Y puesto en armonía

El curso de los bravos elementos,

24o. Se asomaba la aurora a su ventana Alegrando la candida mafíana.

Entonces la caverna El infeliz pastor desamparaba, Y á tierra mas interna Sus trabajados pies enderezaba; Cuando Mopso saliéndole al camino, Los pasos le estorbo de su destino.

Era este un ganadero De distinta cabana, que habia sido Su amado compañero En otro tiempo, porque habian vivido, Teniendo sus albergues inmediatos. Probando su amistad con fieles tratos.

Después que se pagaron Algunas' afectuosas espresiones Que siempre acostumbraron Los amigos en tales ocasiones, A la sombra de un roble se acogieron, Y principio á su plática pusieron.

s4i*

FENICIO.

¿Qné fin de tu cabana te ha sacado Quieres decirme, amigo el mas querido?

MOPSO.

Dorisa, la zagala á quien he dado Por justo premio el corazón rendido.

FENICIO.

Dichoso aquel amante que pagado VivCj sin las ofensas del olvido; No así yoj Mopso: escucha de mi historia Mil cosas que enternecen mi memoria.

A tiempo que sus bodas celebraban Dos amantes dichosos cierto dia, A los campos me fui donde se hallaban Con música espresando su alegría.

242.

Acerqueme curioso á donde estaban Las zagalas, y aun no bien recoma La vista desgraciada, cuando luego Cual con la luz del sol me quedé ciego.

Era Ddris, la misma que al instante En su mirar risueño prometia Ternura á mi cariño titubeante Que mi rendido pecho la ofrecia: Entonces parecióme que de amante Venturoso la suerte me seria; Pues saliendo á mis labios mil arrojos, Se asomaban afectos á sus ojos.

Dieron fin á la fiesta los pastores,

Y acompañarla ofrezco hasta su casa; Mas temiendo del vulgo los rumores. En admitir la oferta anduvo escrcsa: No juzgué sus reflejas inferiores, Como que lo que en el mundo pasa;

Y así me despedí tocando ufano Albos jazmines de su blanca mano.

A .mi alvergue me fui; y aimque pudiem Facilitar consuelos la esperanza.

i 243-

El carazon^ se abrasa, y una hoguera

En suspiros de amor afuera lanza:

La deidad de la noche en su carrera

Soñolienta pasaba con tardanza:

Pero habiendo llegado el claro dia,

I A la casa de Ddris me partia.

\ De nuevo me enardesco, y cuando intento

•Aliviar con su vista mi quebranto,

Los incendios de amor hallan fomento^

jY los deseos crecen otro tanto:

¡Freno pon^o á cualquier atrevimiento

ITemiendo un disfavor; mas entre tanto

'No dejaba el amor de hacer conquista,

Ya que no con la boca, con la vista.

Repito mis visitas obsequioso: Y cual soldado en la campaña instruido Ya se muestra cobarde, ya animoso, Ya triunfante en la lid, d ya vencido: De la misma manera cauteloso, Me hago ya despreciado, d ya querido: Oportuna materia para luego A la mina de amor prenderle fuego*

244.

En este aunque amoroso, triste estado Sujeto del honor á la cadena, En la cárcel del pecho aprisipnad^ Lamentaba el amor su dura pena. Diez palacios había el sol dorado,

Y la luna se vid diez veces llena, Sin que diese por tímida la boca, Libertad á pasión que en muerte toca.

Hasta que en fin, instable la fortuna, O la misma desgracia cautelosa, Dispúsome ocasión tan oportuna Que me fuera el callar sensible cosa: No corrió con mas fuerza fuente alguna. Cuando rompe los diques impetuosa, Después de largo tiempo aprisionada. Que mi alma al espresarse apasionada.

Díjela pues, del mal que adolecia Con vivas y eficaces espresiones:

Y á la de amor continua batería El muro se rindió de sus razones. Conquistado el respeto en aquel dia Unimos nuestros tiernos corazones,

«45-

Y dándonos recípi^ocos abrazos

Fueron nudos estrechos nuestros brazos.

Vigilante el amor, nuevo cuidado En adelante puso á su belleza:

Y era tanto mayor que en lo pasado Cuanto hasta entonces fué mas su fineza: Igualmente oficioso que elevajio

En empeños de toda su terneza Mis manos la servían, cuando á sus soleí» Eran siempre mis ojos girasoles. Desde luego su afecto me obligaba,

Y como ya otra Ddris parecía, El obsequio futuro anticipaba Cuando algunos presentes la servia: Unas veces de un modo la espresaba,

Y otras de otro el amor que la tenia: Acciones con que suelen los amantes Obligar a sus dueños á constantes.

Luego que por abril las blandas flores El abundoso, campo se vestia, A ejemplo de los mas tiernos pastores Las guirnaldas mas bellas le tejia:

246. Pretendían acaso mis amores Agitados á impulsos de alegría, Que cuando al campo su hermosura fuera La adorara la misma primavera. El otoño conforme se asomaba,

Y sazonados frutos ofrecia.

Las primicias njas gratas le llevaba Que el cultivado soto producía. Parece que mi amor solo cuidaba De ver como á su Ddris complacía, Pues aun en tiempos menos liberales Mis oficios se vieron siempre iguales.

Desde luego en naciendo el corderiilo Mas hermoso y galán por sus colores^ Purificado en aguas de tomillo

Y en otros aromáticos licores, Coronado del mas tierno ramillo,

Y salpicado bien de nuevas flores. A sus aras llevaba en sacrificio Del amor y la fe de su Fenicio.,

Ocasión no faltó en que mis desvelos, Haciéndose enemigos de las aves,

247- Cogiesen ' de sus nidos los polluelos Que diesen á mi Ddris cantos suaves: Industriosos acaso mis anhelos. Pues querían tal vez que en tonos graves

Y dulces, de la miísica del alba También hicieran á mi Ddris salva.

Así el tiempo pasaba, y sin las guerras De zelos se gloriaban mis amores: Tres veces el verano en nuestras tierras Coronado salid de nuevas flores;

Y otras tantas los montes y las sierras Lloraron dv^l invierno los rigores;

Sin que alter¿ise el mar de mis dulzuras Ni el aire de ligeras desventuras.

Pero vino ¡oh dolor! ¡triste memoria! Otro tiempo en que todo se perdiera, Tiempo en que diera fin toda mi gloria, Tiempo en que todo mal en se viera: ¡Oh tiempo en que el laurel de mi victoria Secóse sin que yo lo mereciera! jOh tiempo! ¡tiempo, en que quedo triunfi^nte Otro, si mas fehz^ menos amante!

248* EntdnceSj Mopso, cuando está mas viva La llama de mi amor, cuando mas fuerte Agita el alma^ de mi bien me priva Cruel influjo de mi mala suerte:

Y entonces ¡ay de mí! Ddris esquiva, Parece que en mi ausencia ve mi muerte, Pues violando el amor y la fe pura Mancha con otro dueño su hermosura.

Cuando perdida advierto yo su gracia,

Y el rigor á que ingrata me condena:

Y veo de mi amor la ineficacia,

Y en otros brazos la contemplo agena. Crece tanto el dolor de mi desgracia,

Y de su ingratitud la grave pena. Que levanto la voz de mis querellas Hasta herir esa bóveda de estrellas.

Sí, Mopso, cuando yo su mal recuerdo^ Cual por el monte fiera embravecida, Las plantas trozo, los peñascos muerdo, * Procurando acabar mi amarga vida: Me falta la razón, el juicio pierdo:

Y enferma el ahna con mortal herida^

«49- No como despojo ele mi saña No encuentro mi sepulcro en la montaña. 1; Pluguiera al cielo que de sus enojos (Antes que de mi Ddris las estrellas Hubiera visto dj sus negros ojos) Me hubiesen abrazado las centellas: Pues ahora que contemplo los despojos Que el amor me ofreció en sus luces bellas

Tan sin remedio en otro dueño, quedo

Quedo como esplicarte* yo no puedo.

MOPSO.

Ha^^te, Fenicio amigo 5 hazte violencia Para romper los lazos amorosos: A tu ajruda se mira ya la ausencia Después de largos tiempos perezosos: Pon tu afición en otra, y la esperiencia ¡ Efectos te hará ver maravillosos: I Estos son contra amor seguros medios, Y de su mal los únicos remedios.

17

250.

FENICIO/

De mi pecho confieso que debiera Arrancar su retrato soberano; Pero helara la alegre primavera. Floreciera el invierno triste y cano. Ésta níiontaña abajo se viniera. Igualando sus cumbres con el llano, Antes que, de mi agravio satisfecho. Sacara su retrato de mi pecho.

Tu consejo, no hay duda, atiendo grato; Mas quererlo llevar á buen efecto Es imposible, IMopso, y así trato Acabar á los yerros de mi afecto: Bruto soy en querer a un dueño ingrato; Aunque como hombre culpo su defecto: Mas adorando á Ddris, no disputo Sobre si bien soy hombre, ó bien soy bruto*

251.

MOPSO.

Fuerza será dejarte en tu locura Cuando el tirano amor te tiene ciego: No tienes ¡ay de tí! no tienes cura, A mi consejo opuesto, y a mi ruego: Mas si algo te merece mi ternura A mi cabana ven conmigo luego:

FENICIO.

Cuanto fuere tu gusto á mi alma pide; Menos el que de Doris cruel se olvide.

Que aunque me aviente la fortuna airada A la región ardiente, d á la fria, Y la esperanza llore retirada De volverla a gozar en algún dia, En mi memoria siempre colocada El ídolo será de la alma mia: Así Doris verá por mis amores El amante mas fiel de los pastores.

25«-

POETA.

La caiTOza clorada Del inflamado intrépido Faetonte Rodaba acelerada

Tras de las cumbres del soberbio monte. Sepultando sus rayos carmesíes Entre nubes de rosas y alelíes:

Cuando los dos zagales, Dejando del desierto la aspereza, Sus amorosos males Cantaban por alivio á su tristeza: Costumbre muy antigua en los pastores En triste soledad cantar amores.

Al alvergue llegaron Habiéndose ocultado el febeo coche Entre las que bajaron Oscuras sombras de la negra noche, Y entonces cada cual se recogia En su pajizo lecho hasta otro dia.

»53'

ÉGLOGA SEGUNDA.

LA PASTORA MAS FIEL

DE LA CABaSa,

DEDICATORIA.

Fileno, sabio pastor,

si á se quejo algún dia, como sé, la Doris mia, de que olvidaba su amor:

Oye en mi voz su dolor; mas sin hacer de esto juicio, pues si del triste Fenicio llega a la voz confusa, es, porque quiere mi musa hacerte algún sacrificio.

254. ADVERTENCIA

DEL AUTOR.

Para poner de algún modo ínter* valo á las tristezas de la vida^ nos pro" pusimos tres amigos el asunto de una égloga que espresara los sentimientos de una muger zelosa. Yo que con bastantes motivos juzga^ ha á cierta dama^ bajo el nombre de Z)o- risj con achaques de esta pasión^ produje la siguiente piececilla^ que viene á ser como una respuesta de mi égloga anterior.

255-

ÉGLOGA.

POETA, DÓRIS, FILOMENA.

POETA.

Cuando en el horizonte Apagada la luz, la noclie daba. Para salir del monte. Acelerados vuelos, y entonaba Su precursora tropa tristes ecos Sobre rudos peñascos, troncos secos:

Ddris, la zagaleja. Encanto de los rústicos pastores. De su casa se aleja Llorando de Fenicio los rigores, Sin tener de su llanto lastimoso Mas testigo que el bosque silencioso.

A la margen se sienta De un aiToyuelo, miísico del prado, Y á su compás atenta. De congojas el pecho traspasado, El silencio rompió, dando á los vientos Estos de su dolor tristes acentos.

DORIS.

Aquí la vez primera Fenicio me ofreció tiernos amores;

Y aquí la vez postrera

Ha de ser de mi vida y sus rigores: Que este lugar destina la cruel suerte Por teatro de mi vida, y de mi muerte.

Vosotras, flores bellas. Que de Fenicio visteis las caricias,

Y vosotras, estrellas.

Que envidiasteis acaso mis delicias,

¿No os mueve á compasión tan cruel mudanza

Que acaba con su amor y mi esperanza?

«57- Fenicio, ya estés ahora

Ofreciendo tu afecto en los altares De otra incauta pastora, O ya estés entonándole cantares, Después de haber llevado sus ovejas; Como quiera que estés, oye mis quejas.

Si á tan mortal olvido Habías de condenarme, ¿por qué, fiero. Mostrándote rendido Me ofreciste un amor tan lisonjero? O si es verdad que entonces me querias, ¿Donde está aquel amor que me decias?

Luego ya por ingrato Desde hoy en adelante he de tenerte, Pues tu engañoso trato No me dicta juzgarte de otra suerte: Mas ¿qué satisfacción, qué recompensa Puede ser de mi mal y de tu of^^nsa?

Si mientras ofendida Yo te culpo de infiel, tií en otro ejnpeño Acabas con mi vida, ¿Coma será posible, ingrato dueño,

258.

Que de mi antigua paz la dulce calma Vuelva á la posesión de toda 'mi alma?

No, Fenicio, no es dable Que de mi pecho arranque los rezelos, Con que se hace implacable La guerra cruda de continuos zelos: Yo me siento morir., si de mis males No se duelen los dioses celestiales.

¡Cuanto mejor me estaba No haber correspondido á las finezas Con que me señalaba Otro tiempo tu amor entre bellezas! Quizá no echara menos la alma mia El sosiego que tuvo en algún dia.

¡Oh tiempo venturoso Antes que yo á Fenicio conociera! ¡Tiempo! ¡tiempo dichoso Que me veia con cara placentera, Cuando de aquel arroyo en las orillas Triscaba con las otras pastorcillas!

Mas hoy aprisionado Mi desgraciado amor se llora ciego;

259-

Y en un mar alterado

Bebiendo sin cesar olas de fuego Naufraga la razón: ¡cuanto perjuicio El engaño me trajo de Fenicio!

¡Oh vosotras, deidades. Que cuidáis de estos páramos sombríos^

Y de estas soledades Dedicados tenéis los sacros rios.

Si os mueven mi dolor y mis pesares, Sacrificio seré a vuestros altares.

Vosotras, sí, por quienes Tantas veces Fenicio me juraba Sus afectuosos bienes, Mirad que vuestro honor se menoscaba, Si de mi triste voz las grandes quejas No mueven á piedad vuestras orejas.

Y pues que de Fenicio Contra vos se declaran las ofensas, Recóbrese mi juicio, Que el ingrato tendrá las recompensas En celestiales iras. Entretanto Cilme el dolor, enjugúese mi llanto.

26o. Mas ¡ay! almas deidades, Suspended vuestro brazo vengativo; No mis penalidades De su desgracia sean triste motivo; Mas antes pague yo vuestros enojos, Y vuelvan á llorar mis turbios ojos.

POETA.

Aquí la voz doliente Con los tiernos suspiros se embargaba; Pero el llanto elocuente Que en sus mejillas rojas derramaba, Para afear de Fenicio los agravios. Hizo las veces de sus bellos labios.

Clamorosos gemidos Y lastimosos ayes traspasaban. Por el aire impelidos, Las débiles paredes que formaban Una cercana choza en que vivia La amiga mas discreta que tenia.

26l.

Esta era Filomena, Con quien había otras veces conferido La causa de su pena,

Y la que habiendo el eco conocido De su amiga, dejo la dulce cama, Llevada del* acento que la llama.

Presa la hallo en los lazos De un violento desmaj^o, por el suelo: Tómala entre sus brazos,

Y procurando darle algún consuelo, Después que ya del éxtasi volvia, Así con blandas voces le decía:

FILOMENA.

¿Hasta cuando* tus ojos Dejarán de llorar, Ddris querida. Los injustos enojos

Con que Fenicio cruel te tiene herida? ¿Hasta cuando tendrán con tus Límentos Lúgubres quejas los sonoros vientos?

26f.

No hay hora en que con llanto No des de tu dolor amargas señas, Moviendo tal quebranto. Que parece lo sienten aun las peñas: No hay hora en que no suene tu amargura, Sea del dia claro, ó de la noche oscura.

Si esa corriente fuera De modo que á Fenicio caminara, No era mucho corriera Llevándole las rosas de tu cara: Esperaras tal vez su afecto entonces. Si hay lágrimas que ablanden á los bronces.

Pero si la fortuna Descamina tu voz, y nada medras, Tu querella inportuna Quedará sepultada entre estas piedras. Mientras que en otras aras tu Fenicia Consmna de su amor el sacrificio.

DÓRIS.

Nada menos, amiga, Que á los oidos de un pérfido me queje,

263.

Y que ruegos le diga.

Para que vuelva á mí, cuando á otra deje:

De ninguna manera, porque haría

Su dureza mayor la queja mia.

FILOMENA.

¿Luego sin esperanza Lamentas, maltratando tu hermosura^ De que tendrá mudanza Tu desgraciado amor, tu desventura? íQué poco juicio ¡ay Ddris! acreditas En tiempo que mejor lo necesitas!

^ DÓRIS.

Sin esperanza lloro, Es cierto, de ser ya dueño absoluto De lo que mas adoro; Mas cuando al suelo lágrimas tributo. Discurro ¡ay triste! que en remedios tale» Una parte desahogo de mis males.

264.

FILOMENA*

Llora pues, Ddris mía;

Pero treguas permite á tus querellas:

Acuérdate del dia

En que dando tu sol sus luces bellas,

Alegrabas los rústicos pastores

Como el alba á los dulces ruiseñores. Acuérdate de cuando

Despidiéndote amor doradas flechas,

Las ibas rechazando

Y caian á tus pies luego deshechas: Victorias que te hacian en h cabana

Honores, como á Diana en la montaña.

Y acuérdate de aquellos Alegres tiempos, cuando en la floresta, De ramos los mas bellos. Pasando los ardores de la siesta, Con coronas cantábamos y pahuas La dulce libertad de nuestras almas.

265.

DÓRIS.

Antes con la memoria De mi pasado bien, mi mal se aumenta^ Y perdida mi gloria, Un infierno á los ojos se presenta. ¿Quien, Filomena amiga, quien pensara Que mi gloria en infierno se trocara?

FILOMENA.

Si de las sugestiones Del amor en el pecho de quien ama No triunfan las razones; Emprendo inútil apagar tu llama; Pero ya es hora de buscar sosiego En nuestras dulces camas.

DÓRIS.

Vamos luego. 18

V66.

POETA.

Con amorosas quejas, AI juntarse la noche con el día, Las tristes zagalejas. Por temor de la luz que la alba envía. Se despidieron dándose un abrazo, Poniendo para verse corto pJazo.

267.

ÉGLOGA TERCERA.

Despídese Silvio de Clori. SILVIO, POETA.

POETA.

Viendo Silvio que Clori se ausentaba En fuerza de los hados rigurosos, Al pecho la estrechaba, Y con suspiros tiernos y amorosos Su dolor de esta suerte la espresaba,

SILVIO.

¿Te vas? ¡ay Clori! ¿conque la fortuna Rompe los fuertes lazos

268.

De lina estrecha amistad mas que otra alguna? ¿Conque dejas por ultimo mis brazos? ¿Los dulces brazos de tu Silvio dejas? ¿Dejas mi corazón que por la beca Repitiéndote está sus blandas quejas? ¿Te has transformado acaso en dura roca, Que dejas á tu Silvio en triste calma Sin su Clori? ¿sin tí? ¿sin toda su alma?

Mas ¡av! que si la estrella De mis brazos te arranca, ¿por qué lloro I\Iotivo3 que no das, mi Clori bella? La estrella me arrebata el bien que adoro. A DioB, Clori,.... ¿te vas? sí, que la suerte

Con tu ausencia procura

Procura ¡ay! sí, procura darme muerte.

Privándome de toda mi dulcía. Y puesto que la fuerza

La incontrastable fuerza del destino

No hay brazo que la tuerza,

Anda, mi Clori, empieza tu camino» Mas no. Clori, te aguarda:

¿Olvidará* de Silvio la ternura;

269.

Si acaso para verte el tiempo tarda?

¿Olvidarás que ha sido tu hermosura.

Tantas dichosas veces adorada,

Ea lo mejor de su alma colocada?

No lo permitas, Clori, ¡ay! ten presentes

Del corazón m is fiel tantos amores.

Que á prueba de otros muchos pretendientes.

Envidiosos pastores,

Me hicieron dueño al fin de tus favores.

Sí, Clori: que aunque ausentes

Estemos, y en las tierras mas distantes.

Yo te prometo, por aquella gloria

Que me causo el triunfar de tus amantes.

El que siempre estarás en mi memoria

En mi memoria, siempre agradecida

Al honesto recato

De tu amoroso trato;

Y muy reconocida

A la sagrada fe comprometida

Con juramentos tantos,

Que por los dioses santos

Hicimos, cuando en mas dichoso dia

270. Yo me nombre por tuyo^ y tií por mia.

¿Lloras, mi Clori? no, no tus ojuelos, Corriendo en tus mejillas, Como dos arroyuelos, Se arrebaten las tiernas florecillas. ¡Ay! véncete á mi ruego: No eclipses de tu cielo peregrino En cada niña un sol de blando fuego: No llores, Ciori, sigue tu camino.

POETA.

Con estas espresiones de ternura Silvio de su zagala se despide. Quien con llanto esplicaba su amargura, Que á su labio de rosa hablar impide: Danse el postrer abrazo;

Y desunido el amoroso lazo, Los últimos á dioses se dijeron

Con ayes tan del alma prorrumpidos, Que las Driadas y Faunos se movieron,

Y en ecos repetidos

Desde sus hondas cuevas respr^ndieron.

ÉGLOGA CUARTA.

Llora Silüio la ausencia de Clori. SILVIO, POETA.

POETA.

Como suele el amante pajarillo, Para aliviar su corazón doliente. Quejarse sobre 'algún verde arbolillo A su consorte ausente: El triste Silvio sin su Clori amada Llora su desventura, Y en el silencio de la noche oscura De este modo su pena fué espresada.

272.

SILVIO.

La cara troco el mundo:

Y así como en la noche oscura y triste, Un estrafío silencio el mas profundo Respira el campo desque tu te fuiste. Ya no alegra la luz que la alba embia, Ni las aves canoras

Su voz desatan ya con alegría. Tristes corren las fuentes mas sonoras,

Y aun las flores ya niegan su fragancia. Con razón la distancia.

Que nos separa causa mis desvelos.

¡Oh si te viese ahora,

Bellísima pastora!

¡Ay! tráigante los cielos,

Que muero por la luz de tus ojuelos.

No me cabe el dolor dentro del pecho, Serranilla graciosa, Cuando pongo los ojos en el techo

273- De tu mandra (i) dichosaí Ya no se ve blanquear, como solía, Con tantas palomitas melindrosas: Que como echaron menos tu presencia, Quizá á buscar se fueron su alegria. Si estuviesen, aun creo que llorosas Al triste Silvio hicieran compañia. Date prisa á volver, zagala mia. ¡Ay! tráigante los cielos, Que muero por la luz de tus ojuelos.

Tus mansas inocentes corderitas Ni se alegran, ni buscan por el prado Como de antes las nuevas yerbecitas. ¡Pobrecillo ¡ay! sin de tu ganado! Y cuando llega la hora Que del redil las saque su pastora, La llaman con tristísimos balidos: A faii grande dolor les acom]:ai1a Coii ecos repetidos

( I. ) Mandra^ albergue pascoral. A.

274-

La lóbrega mañana.

Y desde aquel instante el mas penoso,

En que se vio la pastoril cabana Sin tu rostro precioso, Una noche sombria

Parece que se estiende por toda ella, Aun cuando el sol está en el medio día. ¡Ay serranilla bellaj ¿Si volverá á este campo su alegría. Que con ansias espera la alma mía? ¡Av! tráigante los cielos, Que muero por la luz de tus ojuelos. Admite, corason, algún sosiego,

Y aguarda con el tiempo la venida Da tu Clori querida.

Que enjugará este llanto en que me anego. Acaba de llegar, alegre día,

Y tendrás, no hay que hacer, en mi pastora Blejor regazo que en la blanda aurora.

¡Ay, zagaleja mia!

TCuaiito tus ojos tardan

En alegrar los mios que te aguardan!

275- ¡Ay! tráigante los cielos, Que muero por la l\íz de tm ojuelos^.

Poeta.

Calló el pastor amante, Y la pesada noche tenebrosa Lo retira á su mandra silenciosa Sin que el dolor lo deje un solo instante.

376.

ÉGLOGA QUINTA.

Celebra Silvio la vuelta de Clori. SILVIO, POETA,

POETA.

Ya de los montes el invierno cano

Retirado se habia,

Cuando Silvio volvia

A ver de Clori el rostro soberano.

De su torneada mano.

Que á la boca llevaba muchas veces

Con gratas sencilleceSj

Cariñoso la toma:

Sobre la verde yerba de una loma

La sienta, y á su lado

277- La requiebra, cual suele en el techadd

Simple palomo á candida paloma*

SILVIO.

Bellísima serrana. Prodigio celestial, todo bien mió, Grata a mis ojos mas que en la mañana Á las sedientas flores el ropo: Pasó la noche oscura, Que lloraba con lágrimas eternas: El suave resplandor, las luces tiernas De tu blanda hermosura Disipa mi tristeza: Igual es tu belleza A la que tiene la rosada aurora. Cuando, rompiendo los nocturnos velos. Alegra los espacios de los cielos, Y las coronas de los montes dora.

Pájaros dulces, que en pajizas camas Gratas consortes requebráis contentos,

278.

Salid alegres á las verdes rajBas: Desatad vuestros músicos aqeitíos, Y esparcid en los vientos Vuestra sonora plácida armonía, Pues ha llegado la 7/agala mia.

Salid ya del establo, corderillos^ Que en el campo os espera Producción olorosa de tomillos, Que con Clori os envió la primavera. Subid al monte, bajad á la ribera: Dad saltos de alegría, Pues ha llegado la zagala mia.

Amantes zaga'ejas, Que en el fértil sembrado de amapolas Soléis cantar á solas

De un mal pagado amor las tiernas quejas. Vuestros amargos lloros Conviértanse hoy en cánticos sonoros De alegre melodía, Pues ha llegado la zagala mia.

Templad los agradables caramillos, Porque en lo mas sabroso de la siesta,

«79-

Miísicos pastorcillos,

Haremos nuestro baile en la floresta A la usanza de simple serranía, Pues ha llegado la zagala mía.

POETA.

A seguir iba Silvio; pero viendo La carroza del sol, que iba subiendo, Se retira á su albergue en compañia De Clori, y observando los pastores Sus festivos empeños, Se dispusieron todos á porfía, Para alcanzar favores De sus hermosos dueños:

Y á la siesta en el campo se juntaron,

Y la vuelta de Clori celebraron.

28o.

SONETOS.

28í.

SONETO I.

Influjo del amor^ imitando el artificio del primer soneto de Don Tomás de Iriarte.

Célebres calles de la corte indiana, Grandes plazas, soberbios edificios, Templos de milagrosos frontispicios. Elevados torreones de arte ufana*

Altos palacios de la gloria humana, Fuentes de primorosos artificios, Chapiteles, pirámides, hospicios, Que arguyen la grandeza americana:

¡Oh México! sin duda yo gozara Del gusto que me brinda tu grande/a, Si cauüa superior no lo estorbara.

De tu suelo me arranca con presteza El suave influjo de la dulce cara De una agraciada rústica bdkza. 19

sSa* SONETO IL

Recuerdos tristes.

Cuando tu blarca frente yo cefíia De yedra azul, y de encarnada rosa, Cuando en el íértil prado, y selva umbrosa Mil cariños muy dulces te decia:

Cuando de agreste flauta me servia Para cantar tu cara milagrosa, Cuando en nuestra cabana venturosa Me nombraba por tuyo, y por mia:

Cuando.... mas no, no quieras, Clori amada, Que refiera mas gustos, pues no intento Que gima la memoria lastimada:

Iba á decirte, que en aquel momento Que recuerdo la vida ya pasada, Ne como no muero de tormento.

é83. SONETO III.

A Clorila en tres meses de ausencia.

Tres casas visito, Clorila hermosa, El sol dorado desde el triste dia Que á mis ojos robaron su alegria Con privarlos de ver tu luz preciosa.

Desde entonces ¡ay triste! no hallo cosa Que no sea de dolor al alma mia, y los males parece que á porfía Me disponen la vida mas penosa.

Mas si del)en hallar correspondencia, Cuando los tiempos entren en bonanza, Los males rigurosos de la ausencia.

Consuélame, Clorila, la esperanza De que tu dulce y celestial presencia Sanará mis dolencias sin tardanza.

284.

SONETO IV,

El deseo.

Con alas vuelo de íiimortal deseo Al campo de mi grata pastorcilla: Flores ln hallo cojieiido acia la orilla De una ñieníe que es todo su recreo:

En su falda las echa; yo la veo Cortar de verde sauce una ramilla,

Y con nardo, violeta, y maravilla. Una guirnalda trenza con aseo.

Cuando en sus hebras de oro la ponia, Los pájaros cantaron dulcemente, Juagando que era la alba que salia:

Esto cantaba Silvio estando ausente,

Y ansioso de la alegre compañía

De Clorilaj á quien ama tiernamente*

285.

SONETO V.

jS/ sueño en el dia de Clori.

Estando ausente de mi Clori amada, Y llegado que fué su alegre dia. Púsome en su sabrosa compañía Dormido, la visión mas regalada.

En mi amoroso pecho reclinada,

Los requiebros mas dulces le decia:

Eila con blanda voz me respondía

En su labio de rosa embalsamada. 1

Parecíame mirarla con los ojos: Mas tocado de envidia el dios Morfeo, Tuvo zelos, no hay dudí, y diome enojos:

. Y d^l csíasi, Qorij en que te veo^ Vuelvo ¡ay triste! llaranda los despojos Con que el sueño engañaba á mi deseo.

286. SONETO VI.

El ruego amoroso.

Acaba de llegar, zagala mía, Al delicioso campo, do te espera El blando resplandor, la luz primera Del muy risueño, del reciente dia.

¡Si llegases ahora! ¡qué alegría *Por todo el ancho valle se esparciera! Con frescas rosas la alma primavera Tus sienes al instante ceñiría.

Cantárate de amor requiebros suaves, Con cántico mas dulce que á la aurora El coro alegre de las dulces aves....

Qué ¿no llegas, bellísima pastora? Acaba de aliviar las penas graves Del triste Silvio que tu ausencia llora.

SONETO VIL

Resolución del amor.

En el funesto potro de una cama, Que el impulso del mal labro violento: A las sangrientas manos del tormento, O la muerte, 6 la vida un triste llama:

Los que escuchan las voces con que esclama, A delirio atribuyen su lamento; Mas yo que á semejanza suya siento, Tengo por bien el mal que ansioso clama.

Pues aunque el fin mortal le atemoriza. No logrando descanso, mira cierto Que en su dolor la muerte se eterniza:

Así mi corazón del fin incierto. Cuando enfermo de amor triste agoniza, De una vez quiere ser, d vivo, d muerto.

288.

SONETO VIIL

La separación de Clorila.

Luego que de la noche el negro velo Por la espaciosa selva se ha esíendido, Parece que de luto se han vestido Las bellas flores del ameno suelo.

Callan las aves, y con tardo vuelo Cada cual se retira al dulce nido: ¡Qué silencio en el valle se ha esparcido! Todo suscita un triste desconsuelo.

Solo del Buho se oye el ronco acento. De la Lechuza el eco quebrantado, Y el medroso ladrar del Can hambriento.

Queda el mundo en tristeza sepultado, Como mi corazón, en el momento Que se aparta Clorila de mi lado.

tSg.

SONETO IX.

La triste ausencia.

Su manto recogió la noche oscura Que cobijaha al mundo tristemente,

Y abriéndose las puertas del oriente Se asoma á su balcón la aurora pura.

De la fresca arboleda en la espesura Los zéfiros susurran blandamente: Desata el arroyuelo su corriente, y por márgenes verdes se apresura:

Sus fragancias respiran flores suaves,

Y llenando los vientos de armonía Requiebros trinan las parleras aves:

Todo el mundo se llena de alcgria: Menos yo^ que en mis penas siempre graves, Ausente estoy de la zagala mia.

5go. SONETO X.

A la vuelta d$ Clori*

Ya vuelve la deseada primavera En alas de los blandos zefirillos Y el coro de los dulces pajarillo3 Con su voz la saluda lisonjera.

Del abundoso rio la ribera Atrae con el olor de sus tomillos A los simples y mansos corderillos Que fatigan del monte la ladera.

Su zampona el pastor ya templa ufano Para cantar amores con terneza A su zagala por el verde llano.

Se alegra la común naturaleza Cuando vuelve la ninfa del verano, Como yo cuando vuelve tu belleza.

agí. SONETO XL

A Clori en el campo*

A dd quiera que vuelve el rostro hermoso^ El rostro celestial la Clori mia, Esparce con sus ojos la alegría: Tal es de alegre su mirar gracioso.

Un caos parecíame tenebroso El campo, cuando á verme aun no salía; Mas después que asomo su claro día, Me parece un oriente luminoso.

¡Ay! mírame, zagala; y tus ojuelos, Con cuyas blandas luces resplandeces. No los cubra la ausencia con sus velos:

jAy! mírame otra vez, y otras mil veces, Que el sol no es tan alegre por los cielos. Como tií por los campos me pareces.

392.

SONETO XII.

Las trampas de la cautela.

Con siis pintadas alas rasga el viento De libertad gozando un pajarillo, Y cantando desde un verde arbolillo Participa á los prados su contento:

Pero apenas desata el dulce acento, 1 el agradable son de su piquillo, Cuando el mas cauteloso pastorcillo Mil redes le dispone aquel momento.

A cautiverio duro reducido, Melancólico, triste, y pesaroso. En lá2[rimas su canto ha convertido:

¡Ah paj arillo incauto! riguroso Es tu estado infeliz, porque has caido Como yo, en la red del cauteloso.

293- SONETO XIII.

De agradecimiento.

'"No necesitas, no, niña preciosa, De tu garbo, donaire y gentileza: Para ser estimada con presteza, Eres á mas de linda, muy graciosa.

Estando en la ciudad mas populosa, Cual viajante, cfae yerra en la maleza, Mereció mi carino tu terneza: ¿Puede darse entre dichas mayor cosa?

Mil gracias te repito cada dia, En la noche, en la tarde, en la mañana, Recorriendo tu amor y gallardia:

Y a pesar de la ausencia mas tirana, Un altar te levanto en la alma mia. Donde adoro tu imagen soberana.

294*

SONETO XIV.

De la hermosura.

Mira esa rosa, Lisi, en la mañana Con las perlas del alba enriquecida,

Y en trono de esmeraldas, tan erguida Que parece del campo soberana.

No tarda, aunque la miras tan ufana, En verse por los vientos sacudida,

Y advertirás entonces convertida En mustia palidez su hermosa grana.

No de otra suerte, Lisi, tu belleza, Cual si de eterna fuese su esperanza, Te adorna de gallarda gentileza;

Pero vendrá la muerte sin tardanza, Y marchito el verdor de su entereza, Del trono la hará caer de la privanza.

^95- SONETO XV.

De la juventud.

¿No ves ese clavel ya deshojado, Por la crueldad del cierzo enfurecido: Tan muerto, que parece euLernecido Las exequias le canta triste el prado?

Pues ayer se ostento tan encarnado^ Tan fragante, tan verde, tan lucido, Que entre el vistoso ejército florido, Por galán de la selva fué estimado.

Así será tu muerte lastimosa, Y no tarde tampoco; aunque reflejo. Que presumes de una alma muy fogosa,

¡Pronostico fatal! mas te aconsejo, En premio del retrato de la rosa, Que este clavel te pongas por espejo.

296.

SONETO XVI.

Clori á Lisu

¿Para qué, bella Lisi, el triste caso De la parca fatal tu musa entona, Si con lúgubres metros me ocasiona Recuerdos de mona en el ocaso?

No llores, Lisi; mas si el llanto acaso De justicia se debe á su persona, Lloremos ambas mi difunta niona^ Llevándola con versos al parnaso.

Mientras vivid ¡memoria lastimera! Nos halagaba, acaso agradecida. Si no á nosotras, al durazno d pera:

Y al hacernos su eterna despedida. Nos recordó en su escena postrimera, Lo que somos ¡ay Lisi! en esta vida.

297- SONETO XVII.

Contra el amor común.

Tienes una alma, Gil, tan afectuosa, Que con el ciego dios hace pareja, Ni hace gesto á la moza, ni á la vieja, Quiere tanto á la fea, como á Ta hermosa.

¡Dichosa ella mil veces! sí, dichosa, Que entre buenas y malas se festeja, Conforme con el uso de la abeja, Que no hace entre las flores otra cosa,

Pero cuidado, Gil, que si examina» Tus vuelos á los suyos inferiores, Acíjiso temerás funestas ruinas:

Que en el campo común de los aínore^ Como también hay flores con espinas, Puedes llorar picado entre las flores.

2Q

298.

SONETO XVIIL

Á Fileno.

Cuando por una estrella venturosa Juntado el cielo santo nos habia> Viviainos en acorde cornpañia En esa para ciudad dichosa;

Mas después que la suerte rigurosa A esta corte de México me envia, Ya parece que pierde su armonia Nuestra amistad sagrada y deliciosa.

Debieras ser^ Fileno, mas amante, Y con franco papel estar conmigo, Como yo estoy contigo, aunque distante.

¿Te ofendo, mi Fileno, en lo que digo? Pues prometo la enmienda en el instante Que escribas con mas ganas á tu amigo.

índice

'í' DE LAS poesías CONTENIDAS

j.» EN ESTE TOMO.

traducción de una sentencia de pag.

Owen

En la remisión de estas poesias á C««i.

Fabio .<..^

Prólogo ingenuo 6.

LAS FLORES DE CLO RILA.

prólogo.. 7

Oda primera 8

Oda segunda 1 1

Oda tercera 13

Oda cuarta 14

)da quinta 17

ida sesta.... 18

Oda séptima 20.

Oda octava si.

Oda nona 2 2,

Oda décima 23.

Oda undécima ! 2

Oda duodécirqa.—.. 25.

Oda décimatercia 26.

Oda décimacuarta.. 27.

Oda décimaquinta 29.

Oda décimasesta ,. 30,

LA INOCENCIA 4

Dedicatoria.... 33.

Oda primera. Introducción 37.

Oda segunda. La zagaleja r*v 39*

Oda tercera. La simplicidad rvAMfhcj ^^*

Oda cuarta. La corderita .•..••••-•.! 44»

Oda quinta. El premio 46*

Oda sesta. La tortolita 50.

Oda séptima. El hijo de Venus.. 52^

Oda octava# La fuentecilla.....^.........y 56,

IIL

Oda nona. La Venus de Chipre 58.

Oda décima. Conclusión 61.

LA MÚSICA DE CELIA.

Oda primera » 66

Oda segunda. 67

Oda tercera 69

Oda cuarta 71

Oda quinta.... 4. 73

Oda sesta 75

Oda séptima 76

Oda octava 78

Oda nona * ' 80

Oda décima 82

Oda undécima ;* 84

LA POLLITA DE CLORL

Oda primera 86.

Oda segunda 87.

Oda tercera , 88.

' IV.

Oda cuarta 89

Oda quinta 90

Oda sesta 91

Oda séptima 92

Oda octava 93

Oda nona 94

Oda décima 96

Oda midécima 97

TRADUCCIÓN DE UNOS VERSOS

DE ANGELO POLICIANO.

Oda primera 100.

Oda segunda 102.

Oda tercera 1 03.

Oda cuarta 105.

Oda quinta loy*

ODJS A DIVERSOS ASUNTOS.